Me acompañan en esta travesía

martes, 22 de diciembre de 2009

Qué pena, la jubilación

A veces la mente asocia canciones a sentimientos y emociones. Yo tengo algunas canciones que me vienen a la memoria asociadas a acontecimientos, momentos vividos o lugares transitados. Creo que he desperdiciado esta capacidad, debería haberme dedicado al cine o a la publicidad. Pensar con música... quizás no le ocurra a mucha gente.

Esta tarde me ha rondado la cabeza aquella canción que cantaba la Niña Pastori, cuyo estribillo decía: "qué pena que se acabara/ qué pena, por la manera/ qué pena, que pase el tiempo/ y me siga dando pena". Siento pena en el pecho, que me oprime y reprime lágrimas desde el corazón, desde lo profundo.

Me está costando mucho cerrar página, entrar en una nueva fase de mi existencia. Sé que debo superar este momento de crisis para renacer de nuevo en otro espacio, en otros tiempos, con otras perspectivas y proyectos ilusionantes.

Hoy he constatado que nadie es imprescindible, que yo ya no soy imprescindible. Y esta es una certeza muy dura. Sin embargo, después de un año, aún me echan de menos, me añoran... lo he visto en sus caras, lo he presenciado, me lo han repetido hasta la saciedad, con ojos húmedos, con miradas furtivas. También he visto la pena en sus rostros. Yo he cantado villancicos, he reído y compartido su merienda en un estado extraño, sabiendo que ya no me pertenecía sus confidencias laborales de las que me han hecho partícipes. Ya no eran mis compañeras, ya no era mi lugar de trabajo. Otra persona ocupaba mi puesto, pisaba mi espacio, hablaba de lo que yo debiera haber hablado, sólo que ella no conocía la singularidad, la historia de lo que allí ha pasado, lo que hemos vivido, lo que hemos luchado, le faltaba esa complicidad con el resto, por unos minutos la he desbancado, sin querer, de forma insconciente.

Hoy he sentido tanta pena... Debemos prepararnos para la jubilación, pero de forma gradual, que se vaya haciendo el cuerpo poco a poco, no bruscamente, de un día para otro. No siento aún el júbilo que supone haber soltado un lastre pesado de responsabilidad, de obligación, sino todo lo contrario: pena, qué pena, qué desperdicio, qué desaprovechamiento, qué inversión humana tirada por la borda, tantos años de preparación , de formación... y ahora todo se acabó y el cómo se acabó, sin darme tiempo a recoger mis cosas porque pensaba volver al día siguiente, sin darme tiempo a despedirme, a finalizar mi trabajo, sin darme tiempo...

Hoy he regresado, para cerrar un capítulo, y he sentido y presentido mucha pena.

2 comentarios:

Leonor dijo...

Mi querida Perséfone, te comprendo muy bien todo lo que quisieras expresar en estas pocas líneas. Pocas, para tanto por decir... por sentir... Pero el tiempo pasa y dentro de unos años ya no sentirás tanta pena. Aunque sí nostalgia. Y sé que aprenderás a crearte un nuevo mundo y una nueva vida. Aunque al principio te cueste lo lograrás, ya lo verás.
Lo sé, porque hace cinco años pasé por lo mismo que estás pasando tu hoy. ¿Y sabes? somos más fuertes de lo que creemos y al final todo lo superamos y nos adaptamos a las nuevas circunstancias sacando el mejor partido de ello.
¡Ánimo cielo! y no te sientas culpable por desbancar a la nueva. Al fin y al cabo, no te conoce ;-)

Un gran abrazo corazón,
Leonor

Perséfone dijo...

Muchas gracias, cariño. No sabes cómo agradezco tus palabras en un día como hoy, tan sensiblero, de lágrima fácil.

Feliz Navidad y un beso muy fuerte.

Te regalo un sueño, tú decides cuál