Me acompañan en esta travesía

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viernes, 2 de julio de 2010

Culpa

Duele cuando dañas a un ser querido. Hoy siento mucho dolor.

Lo siento tanto... que si pudiera desdecir lo dicho, borrado lo escrito, arrancado las agujas al reloj, lo hubiese hecho conforme cometí el error. No era esa mi intención y, sin embargo, supe en ese mismo instante que haría daño, pero ya era tarde, ya fue tarde. No tenemos control del tiempo, ni proporción. Y hoy peno mi error con mi dolor.

¿Por qué nos volvemos egoistas cuanto más amamos?
¿Por qué hacemos daño a quien nos quiere?
Y es tan dura la culpa...

Procedencia de la imagen.

miércoles, 21 de abril de 2010

En carne viva


Hace días que no escribo en este blog. Será que me siento muy vulnerable, no quiero mostrar mi desnudez en público. Creo que una de las cosas de las que me ha desposeído el dolor, en este tiempo, es de una capa de piel, digamos, la epidermis. Cualquier cosa me hiere, me lastima, porque cualquier cosa la siento con mayor intensidad. Así que también, por el contrario, cualquier cosa me hace feliz, porque se me eriza el vello, me emociona y valoro (no diré que en su justa medida), de forma magnificada, cualquier gesto. Valoro el amor en cualquier dimensión.

Estoy en carne viva y también me protejo, me encierro para que nada me lastime, sin darme cuenta que, a veces, lo que me lastima está dentro de mí y no fuera.

Hoy han venido a visitarme fantasmas desde el otro lado de mi realidad pasada y me han devuelto recuerdos envueltos en palabras de cariño. Por qué será que me duele, aún, tanto.

Procedencia de la imagen.

jueves, 15 de abril de 2010

Todo fluye o la razón de este blog

A veces, cuando creemos que dominamos una faceta de nuestra vida, que nos hemos consolidado en ella, nos encontramos con que de repente nos sorprende eso que llaman el devenir. Somos seres cambiantes y, en muchas ocasiones, no nos da tiempo a asimilar los cambios cuando ya dejamos de ser aquellos que éramos para seguir siendo otros, vestidos de nosostros mismos, con nuestros mismos defectos y nuestras mismas verdades, pero otros distintos en el tiempo.

Así veo a este blog en que últimamente no lo percibo del mismo modo, no es el mismo que fue. No sé hacia dónde se encamina ni en qué terminará, o si lo hará o no en un futuro inmediato. Hay momentos en que las cosas pierden la función para la que fueron concebidas y entonces se les instala un vacío que solemos llenar con otras funciones.

Cuando creé este blog lo hice con el propósito de ser un blog terapéutico, que me ahorrase la consulta con el psicólogo, que me ayudase a poner unas tiritas a mi corazón cuando está malito. Un lugar para el desahogo, donde nadie que me conociera puediese percibir mi angustia, expresada con total libertad sin yo cohartarme a mí misma. Pensé que lo leería, sólo aquella persona que lo deseara, anónima como yo, sin más implicaciones personales que las que pueda crear la propia red.

Hoy necesitaba escribir para conjurar el dolor, pero el sólo hecho de saber que mañana pudiese leerlo alguien cercano a mí me ha frenado de tal manera que he rechazado la idea. No quiero crear dolor con mi dolor. Y no puedo convertir tampoco el blog en intermedario de comunicación por conocer y saber de antemano las personas que lo van a leer. Me gustaba más antes en que no tenía ningún vínculo con nadie y podía despacharme a gusto soltando toda la loza que me oprime el pecho y todas las miserias desde lo más hondo. Ahora me freno, me lo pienso primero. Paso todo por el tamiz de la razón. Antes escribía con mayor espontaneidad, sin sopesar los pro y contras de mis palabras, con esa escritura automática que tanto me gusta. Y, aunque de esa manera estoy escribiendo este texto, lo hago con todo el nivel de conciencia que me permiten mis pastillas.

¿Por qué somos tan complicados? Esta pregunta la dejo en el aire para que cada cual me ayude a darle respuesta.

Mañana amanecerá de nuevo. Felices sueños.

martes, 6 de abril de 2010

Estrenar de nuevo con las sombras de Hefesto


El sábado estrené de nuevo mi scooter. No lo cogía desde antes de la operación y, desde entonces hasta ahora, cuando he salido he utilizado la silla de ruedas manual (no tengo eléctrica), por no darle movimiento a la espalda. Me sentí de nuevo independiente después de mucho tiempo, aunque a las cinco de la tarde ya estaba muy cansada y tuve que volver rápidamente a mi casa.

También estrené mi cámara de fotos (que me vuelvo loquita con ella), disparando aquí y allá como los fotógrafos profesionales, para luego descartar y quedarme con las mejores. Me encanta capturar momentos, instantes irrepetibles (el presente es tan efímero...), luces que ya no volverán a posarse de nuevo de la misma forma en que lo hizo ni iluminar de la misma manera.

Pero lo más importante es que estrené de nuevo una sonrisa bajo el sol. Sin embargo, no era esa mi sonrisa, ni mi mirada. Me sentía extraña. Me veía desde fuera, como en esos sueños en que nos vemos a nosotros mismos como personajes en manos de un narrador que, curiosamente, seguimos siendo nosotros.

Estrenar de nuevo, volver a estrenar como la primera vez. Porque a veces, se abre un abismo entre las distintas etapas de nuestras vidas y, entonces, es posible estrenar como la primera vez algo que ya había sido estrenado.

Desde esa tarde, los dioses se han cobrado el tributo que debo pagar por un instante de felicidad. Y esta circunstancia me entristece sobremanera. Son tan injustos... No sólo es Hades el que me infringe sufrimiento, que ha conseguido arrastrarme durante estos días, aportándome tristeza, también Hefesto me transmite su fuego que me abrasa mi pierna incandescente.

Creo que Hefesto me tiene envidia y celos (ha salido a su madre, Hera, mi tía), y de ahí, su sed de venganza. Él, tan feo y tan cojo; y yo, tan bella y perfecta... Él, arrojado al mar por su madre; yo, criada entre algodones. Pero la inquina que le tengo a mi primo no es porque sea feo y cojo, sino porque intentó violar a mi hermana Atenea, y eso no se lo perdono. Además, también la mortifica con su fuego, el muy cabr...

domingo, 28 de marzo de 2010

Diario de a bordo

Anteayer valoré positivamente los avances que voy observando con respecto a mi recuperación. Pude permanecer más tiempo fuera de la cama (contabilicé cinco horas y media). Durante ese tiempo, anduve deambulando por la casa, cada vez con paso más seguro. He recuperado la fuerza de los brazos y puedo apoyar más firmemente los bastones, con mayor seguridad. En cuanto a mis esfínteres, se están normalizando satisfactoriamente. Se ve que mi médula me lo está agradeciendo a su manera.

También pensé haber controlado el dolor doblando la dosis de calmantes y así poder llegar a la noche menos crispada. Pero me equivoqué, al menos en esta última observación. No logro controlarlo, y me devora. Y ante esto, mi ánimo hace picos en una gráfica morbosa.

Hoy, durante una hora no habré sentido dolor: a las dos de la mañana serán las tres. Buenas noches y felices sueños.

lunes, 8 de marzo de 2010

Desde el Hades: Gracias amig@s

Hoy me he aliado a la tecnología, no me preguntéis, porque es una larga historia que ya contaré en otro momento. Por fin, puedo comunicarme con vosotr@s a través de esta ventanita que me proyecta una luz especial en la cara.

Me han emocionado y conmovido vuestros comentarios, no sabéis cómo os lo agradezco. Aquí los días se hacen interminables, pero cada vez veo más cerca la salida. Parece como si nadie tuviera prisas, fuera sigue lloviendo. Yo, que me había hecho a la idea de traer la primavera antes de su fecha... pero por el camino que voy, casi me harán coindir con el equinoccio, para que sea un alta por todo lo alto.

En este tiempo he pasado dos veces por la sala fría del Hades y ha sido una cuesta muy dura, de la que ya voy superando la escalada. También, en este tiempo he pensado mucho en tod@s vosotro@s, aunque no lo creáis, he sentido vuestra fuerza y me ha ayudado mucho en mis noches de insomnio.

Os doy las gracias, de corazón.

viernes, 5 de febrero de 2010

¿Qué es el dolor? ¿Cómo sufro el dolor?


Reproduzco aquí un post que publiqué en Con ruedas y a lo loco, para responderle a Leonor en su entrada A vueltas con mi cadera..

El dolor es un martillo que golpea en una forja sin fín, que no se apiada, que no entiende de súplicas. Que se aferra más, cuanto mayor es la impotencia. Miles de cuchillos que se ensañan con su víctima inocente.

El dolor es un perro, un dobermann, que cuando muerde no te suelta. El dolor te anula, te invade, se apodera de ti. Dejas de existir, sólo vives para él. No piensas, sólo sientes. Cuando la desesperación se adelanta al dolor, entonces se hace intenso, y se inicia una batalla ganada de antemano. El dolor siempre vence.

El dolor es Hades que te arrastra, como a Perséfone, hasta los Infiernos y, si cabe, peor aún. No pacta, no te deja salir ni siquiera en primavera.

Pero hay que buscar estrategias, cambiar la visión. Pensar en él como en un alien que vive alojado en ti, que tiene vida propia, con el que debes tomar contacto y dialogar: “tú vives tu vida y déjame vivir a mí” o “no quiero saber de ti, te minimizo, te reduzco a la nada”

Educar al dolor, convertirlo en algo más benevolente, como en un niño travieso, que sólo quiere llamar la atención, y al que no hay que hacerle caso.

O profundizar en él como en un pozo, para luego cegarlo.

Recuperar la armonía de nuestro ser, con una respiración profunda que expulse el dolor de nuestra mente, si es imposible expulsarlo de nuestro cuerpo.


Te mando besos, para ayudarte a expulsar el dolor de tu mente, y un hada azul que duerme.

Procedencia de la imagen.

viernes, 1 de enero de 2010

Los excesos y el tributo a los dioses

Cuando hoy todos hablan de excesos, he decidido hablar yo de los míos, que también tengo mi coranzoncito. A continuación los enumero para quien decida leer esto:
  1. Nos reunimos en mi casa seis personas. En Nochebuena, éramos diez.
  2. Me tomé los entrantes, el primer plato y el postre. Me salté el segundo. Esta fea costumbre la he adquirido este año, o el pasado, según se mire.
  3. Me tomé dos dedos de la copa de vino y otros dos dedos de champán. Creanme, hablo de dedos porque son dedos (soy muy precisa midiendo y muy mala mintiendo, siempre me cogen, llevo todas las papeletas: "por mentiroso o por cojo").
  4. Tuvimos puesta la tele. No hubo música extra.
  5. A las diez y media ya estábamos cenados y con mis pastillas tomadas.
  6. Vimos las campanadas de Belén Esteban. El tiempo se me hizo eterno hasta las doce, y no precisamente porque ardiera en deseos por verla a ella.
  7. A la una y media de la mañana, nos quedamos solitos mi pareja y yo frente al televisor y con el arbolito apagado, momento en que decidimos irnos a la cama. Total, en nuestro dormitorio tenemos otra tele...
  8. Entre col y col, nos dimos un trancazo, por un gustazo. Me resistía a comenzar el año sin celebrarlo, a pesar de no llevar puesto nada rojo.
  9. No sé qué hora sería cuando me rindió el sueño, porque el dolor y yo luchábamos por no poder dormir.
  10. He dormido de un tirón hasta que llegó mi hijo. Me siento mala madre, debería haber sido al revés.
Y aquí terminan mis excesos de Noche Vieja. No quiero dar envidia a nadie, nada más lejos de mis intenciones.

Hoy, Año Nuevo, vida nueva, blablablá... blablablá... estoy pagando el tributo a los dioses. Ahora expongo en qué consiste mi tribulo. Ellos me tienen ojeriza, como soy tan bella y la esposa de Hades:

  1. Una pelea interna por ver dónde duele más. Se lidia todo de cintura para abajo, y en absurda disputa están la cadera, la pierna, el pie, las lumbares, la pelvis...
  2. Un almuerzo en la cama, a cuerpo de reina.
  3. Asistir a mi abducción por parte de mi cama, que puede ser que me devuelva al mundanal ruido del salón de mi casa, mañana.
Hoy debo recuperar las fuerzas que me han aniquilado mis excesos, mañana tenemos reservada mesa en un restaurante, comidita familia post-nochevieja, y tengo que estar radiante. Por Snoopy, que sí.

(Este post va sin fotico, no me han dejado los dioses. Será para que no llame mucho la atención. Pero yo he puesto colorines, chincha rabiña.)

martes, 29 de diciembre de 2009

La batalla del dolor


El dolor, como una araña que te abarca y te rodea con sus patas, y teje con sutil hilo que se expande más y más, ataca. Y me abandono, cierro los ojos, miro hacia dentro, me busco, respiro, contengo y respiro... y el diafragma frena, como una barrera de hormigón que no permite que se filtre el dolor derramado. Medio cuerpo se hace fuerte frente a otro medio, ocupado, sitiado por un ejército implacable.

Poco a poco, la tensión pasa. Se relaja el espíritu y lleva el oxígeno a todas las partes del cuerpo que antes se pasaron al enemigo, y ahora se purifican y rinden las armas.

La batalla ha terminado. Amén.

Imagen: Google.

Te regalo un sueño, tú decides cuál