Me acompañan en esta travesía

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miércoles, 5 de enero de 2011

El día de Reyes y las decepciones

A la edad de seis años, me trajeron los Reyes una flamante guitarra que hizo mi delirio. Fue el regalo estrella, ¡era de verdad! y, con ella, encallecí mis tiernos deditos, sacando notas y sones, que me apresuraba a apuntar en un papel o allá donde pillaba, con una simbología extraña, que sólo yo conocía. Me encerraba en mi habitación, mi sancta sanctorum, donde experimentaba con la música y mi oído.

Al año siguiente, animada por tan estupendo resultado, me atreví a más. Pedí un piano ¡de verdad! Pero cuando somos niños, no sabemos dónde está el límite de lo posible y de lo imposible, es así como vivimos la niñez, cargada de sueños que nos ilusionan. Aquella noche me levanté a oscuras, como acostumbraba todos los años, sin hacer ruido, acompañada por mi hermano que compartía mi ilusión y la suya. Tocábamos, palpábamos orientados por los brillos de los plásticos de las cajas. Era como un preludio, en tinieblas, de lo que nos esperaba en la mañana. Aquella noche, encontré un piano magnífico de color verde, con su atril y partituras de colores, en realidad era un xilopiano precioso. Pero era ¡de juguete! Aún recuerdo mi decepción y mi sentimiento de culpa, de no saber valorar aquel hermoso juguete que podía ser la delicia de cualquier niña. En ese momento, me sentí mal. Después jugué hasta el infinito con aquel piano. Recuerdo que a mi vecina, de mi misma edad, le trajeron los Reyes otro piano, pero pequeñito pequeñito, y fue entonces cuando aprecié más aquel juguete. A veces, necesitamos referencias o echar la vista atrás para conformarnos con lo que tenemos. Y en ese punto, te sientes mal e intentas hacer una cura de humildad.

No recuerdo otro día de Reyes en que haya sentido frustración, es el único que guardo en el armario de mi memoria. Siempre mis cartas han sido satisfechas de un modo u otro. Mis padres se las ingeniaban para pagar los juguetes durante todo el año, para llenar de ilusión la casa aquel día en que unos mocosos en pijama despertaban a todos entre risas y gritos.

Este año he pedido un deseo que ya sé, de entrada, que no se va a cumplir. Y sé también que será mi segunda frustración para guardar en el armario de mi memoria. A veces nos pasa que ponemos la confianza en alguien, entregamos el corazón sin condiciones y vemos cómo se derrumba nuestro mundo cuando nos falla ese alguien. En esta ocasión, no depende de los Reyes, ese regalo no está en sus manos.

Os deseo un feliz día de Reyes, y que no os traigan mucho carbón.

Buenas noches y felices sueños!


martes, 14 de diciembre de 2010

Días soleados de otoño

Qué tienen los días soleados que calientan el corazón. Hoy amanecí melancólica, con un barniz de tristeza, y aunque me duele la mirada, mi cara sonríe cuando miro por la ventana o veo los rayos de sol en la habitación.

Afuera el mundo sigue y me espera para un nuevo reto. Cada día es un peldaño en esta escalera sinuosa, en la que a veces me detengo en un rellano para tomar aliento.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Pasajes navideños


Cada año que pasa, mi casa va perdiendo su colorido navideño. Comenzó un año en que los animalitos del Belén comenzaron a quedarse en su caja. Había desaparecido aquella manita infantil que jugaba cada día y mudaba de sitio a patitos, cerdos y ovejitas, ; los colocaba en fila, o en medio del río de papel plata, en un baño colectivo. Y provocaba un verdadero terremoto en el Nacimiento, del que se libraban sólo las figuritas del Misterio, porque estaban pegadas por los pies a la base del Portal. Al terminar las fechas navideñas, se habían esfumado la arena, la nieve, la paja y la yerbita, que amanecía cada mañana en el suelo del salón, y la escoba se encargaba de que fueran a parar a la basura.

A la desaparición animalística siguió la figura del caganet o cagón, como le llamamos aquí. Yo me esmeraba cada año en buscar el lugar más escondido, tras un árbol o una roca de papel, pero mi hijo se empeñaba en colocar delante del Niño Jesús que, por más que yo le explicase que no era muy conveniente, él se empecinaba en lo contrario.

Y así, poco a poco, fueron desapareciendo pastocillos, como si hubiesen emigrado a otros belenes buscando trabajo. Ya para aquella época, mi hijo pasaba olímpicamente de ayudar a montar el árbol y el belén. Comenzó a sobrarme mueble en la casa para albergar a tan reducida representación. Mientras mi marido se enfrascaba en la luminotecnia y montaje del arbolito, yo colocaba el belén y después ayudaba en dar los toques decorativos del árbol.

Poco a poco, también desapareció Belén y sólo quedó el portal y el árbol con algunos adornos repartidos por el salón.

Desde que mi pachuchez fue en aumento, sólo ponemos el árbol y algún adorno. Pero este año, la cosa ha llegado a unos límites intolerables: a mi casa no ha llegado la navidad y la echo de menos.

Me gusta observar esas lucecitas intermitentes de colorines, encender el árbol por el gusto contemplativo que me atrae con un magnetismo, como me ocurre con el fuego de la chimenea. Ahora miro a los rincones donde solemos colocarlo y extraño su ausencia, como si fuese un ser humano al que le cogemos cariño.

viernes, 20 de agosto de 2010

La magia de Internet


No me canso de sorprenderme de la magia que posee Internet: el mundo de la blogosfera, las redes sociales, foros... Cómo personas extrañas y lejanas geográficamente, pueden llegar a conectar y sentirse cercanas en el espacio que ocupa el corazón. Qué nueva forma de relación ha aparecido con el mundo de la red. Es una nueva forma de amistad, incondicional, cercana (de pecho hacia dentro), como la verdadera amistad; fina y sutil, donde captamos hasta el respirar, los estados de ánimos, los pequeños guiños. Llegamos a conocernos en poco tiempo y nos apasionamos, intensificamos la relación, porque es ilusionante descubrirnos en el otro, intuir lo que somos en el otro, sentirnos en el otro. Será por eso que nos gusta compartir.

Hoy he conocido a una amiga mexicana. Hace unas semanas contacté con una amiga madrileña, y con otra argentina. Hace unos meses, con tres española, dos del norte (una de ellas medio chilena ya) y otra del sur. En fin, que esto es conocer gente sin viajar.

Buenas noches y felices sueños.

Procedencia de la imagen.

martes, 13 de julio de 2010

Un fin de semana para el recuerdo

Por fin tengo una silla de ruedas eléctrica, y me he convertido en un peligro para mi integridad física. El primer día, dando un paseito para estrenarla, calculé mal la velocidad... porque corre más que el scooter que tengo y se comporta también de forma diferente.

Al llegar a un paso de cebra, y para salvar el repechillo, aceleré un poco (como hago siempre con mi scooter) y las ruedas delanteras se doblaron hacia un punto prohibido para que yo me estampillara contra una pared. Fue el efecto-trayectoria carrillo del Pryca o Carrefour . ¡Qué golpe más tonto y qué ruedas más traicioneras!, y eso que no las meto por charcos. Pues a partir de mañana, las voy a meter en todos los barrizales que encuentre para que sepan lo que vale un peine, las muy estúpidas.

Pero qué autonomía que te da y qué comodidad y qué maniobrabilidad.... Vamos, que estoy como una niña con zapatos nuevos, pero de los que no molestan. Este sábado la he tenido en la calle mañana y tarde, y se ha portado bien, nos hemos portado bien. Teníamos que celebrar mi aniversario de bodas.

Y el domingo, ¡ay el domingo...! El domingo no cogí la silla para nada, fue el coche para salir, todito engalanado para la ocasión, por las calles pitando, gritando, agitando banderas y bufandas... ¡Qué gozada! ¡Qué deshinibición! Fue la tarde-noche de la adrenalina, después de un partido de infarto, donde sufrimos la fullería del equipo holandés y la injusticia del mal arbitraje.

Se ve que segregué mucha endorfina durante el fin de semana, porque el dolor se aminoró y me dejó ser yo, con mis payasadas y todo.

Bueno, ¿y yo para qué os cuento esto? ¿y sin poner una fotico ni nada? Es que ya sabéis que soy un poquillo reservada.

Buenas noches, felices sueños.

viernes, 18 de junio de 2010

Un respiro

Cuando se instala la tristeza es muy difícil sacarla del cuerpo, de repente. Hacen falta días o un cúmulo de motivos que nos brinden alegría. A veces, en medio de este mar de tristeza aparecen pequeñas islas que nos dan un respiro.

Ayer viví un momento de emoción importante. Asistí a un teatro musical que me encantó, aunque terminó bastante tarde para mí, me trastocó mi horario de pastillas y me dejó el cuerpo para el arrastre, los calambres no me dejaron tranquila y hoy continúan. Aunque la entrada era libre, yo pagué el precio de siempre.

Pero imperó en mí lo positivo, la sala reunía los requisitos necesarios para el acceso con silla de ruedas. Se accedía por arriba a la última fila, con lo cual no molestábamos ni nos molestaban, y la visión era perfecta. A esta altura, estoy más que acostumbrada a ver películas de cine en la primera fila, con una tortícolis de caballo, porque se accede a la sala por abajo. Y en cuanto al espectáculo, mereció la pena las dos horas y media de función, con una puesta en escena magnífica, estupendos actores con unas voces soberbias y una orquesta perfecta. Me emocioné muchísimo en diferentes momentos, sobre todo al final cuando iban apareciendo los actores y los músicos, y el treatro se venía abajo de aplausos y vítores. Además, nos reunimos parte de la familia porque actuaba un familiar, así que la emoción fue doble.

Me gusta que se me erice el vello, y no precisamente de escalofríos como es muy frecuente que me ocurra, sino de emoción, porque me recuerda que sigo viva y me siguen sobrecogiendo las cosas hermosas o tiernas... y mi alma está dispuesta para esa aventura.

Procedencia de la imagen.

sábado, 8 de mayo de 2010

La música invade la calle

Hoy he paseado al son de instrumentos afinados, y he compartido el júbilo de la gente sencilla, unidas por idéntico espíritu. Las calles estaban llenas de sonrisas, bellas palabras y buenos deseos. Todos generosos en aplausos frente a músicos que nos regalan su trabajo. Las palomas han elevado el vuelo, anunciando el inicio del concierto. Los escenarios callejeros salpicaban la ciudad y la gente alternaban entre unos y otros, sin querer perderse una nota. El sol ha presidido su palco desde temprano y ha sumado calor al acto.

Ha sido un deleite para los sentidos y la emoción a flor de piel al son de trompetas.

viernes, 7 de mayo de 2010

Creatividad

Últimamente me devora el afán creativo, no paro de maquinar. Necesito tener mi mente muy ocupada. A esta fase sé que le seguirá otra de sequía, de desaliento, de incomunicación. Siento unas ganas imperiosas de escribir, contar cosas, crear nuevas y sorprenderme a mí misma, aunque me cuesta esto último. Es muy difícil sorprendernos a nosotros mismos, como nos conocemos desde siempre... pero aún así, a veces lo conseguimos de pura casualidad. Esto también encierra una necesidad de compartir, de comunicar, de salir hacia fuera. De buscar un trampolín que nos impulse. En esta ocasión es algo tan simple como la creación de un nuevo blog con una temática muy definida como es el mundo de los cuentos.

El mundo de la fantasía, de los sueños, es algo que siempre me ha atraído. Cuentos que encierran mensajes, que van más allá del propio cuento, que no se recrea en el continente, sino en el contenido.

sábado, 10 de abril de 2010

Lo bueno que hay en lo malo


En este tiempo he aprendido a abrir el cofre de las emociones para compartirlas.
He aprendido a desnudar mi corazón maltrecho, sin miedo a que me hieran.
A pronunciar palabras que encierran amor.
A decir "te quiero" sin sopesar las consecunecias.

Esto es una de las mejores cosas que me han pasado en este tiempo en el que Hades me ha sometido a una dura prueba, que ya dura demasiado, y en la que me ha dejado el corazón en carne viva, como cantaba Raphael (aunque no por un amor perdido).

Ahora amo más a la vida, a la gente que puebla mi pequeño universo. Valoro más cada gesto, cada palabra... siento más el amor. Tal vez me he vuelto más ñoña, y puede que vaya camino de convertirme en una vieja chocha, pero con un mundo interior repleto de armonía: ese es mi objetivo más inmediato.

Ahora estoy aprendiendo una lección que nos da el taoísmo, a ver lo bueno que hay en lo malo y lo malo que hay en lo bueno, ambos son la misma cosa.

viernes, 2 de abril de 2010

Volveros a ver


El patio del recreo anda revolucionado. Las niñas están revoltosas, con la llegada de la primavera, y desean de nuevo verse, reunirse y abrazarse. Aún oigo sus voces cómo resuenan y sus carreras y juegos.

Estamos organizando una nueva quedada, la última fue en diciembre, y para aquella ocasión escribí esto:





La espera del encuentro

Hoy estoy feliz
ha bastado una palabra
para recordarme
que el mundo sigue ahí
lleno de sorpresas y espectativas.

Pronto os veré, os añoro tanto...
me traeréis recuerdos
de infancia, adolescencia,
travesuras olvidadas
narradas por rostros
surcados por el tiempo,
rostros que, para mí,
seguirán siendo de niñas,
aquellas que un día fuimos.

Aún estamos barajando fecha y lugar, pero lo importante es que hay una buena disposición. La actitud, lo importante es siempre la actitud (como dice mi amiga Alís) que tenemos frente a las cosas que nos acontecen.

Esta pequeña ilusión me mantiene alerta estos días, y saberme querida por vosotr@s. Espero estar restablecida para ese día, al menos, sentirme como antes de la operación, en el que tenía el dolor controlado y podía permitirme pequeños respiros, como compartir un almuerzo.

Tengo ganas de coger mi scooter, de moverme yo sola, con el sol en la cara y la mirada puesta en la esperanza. Por encima de todo, amo la vida, y ésta sabe darme pequeños momentos de felicidad a los que me aferro con uñas y dientes. Como el de anoche- madrugada en el que compartí risas y sentimientos con mi amiga del alma, recargándome para poder empezar hoy el día.

Procedencia de la imagen.

lunes, 22 de marzo de 2010

La ilusión

La ilusión es un motor.
La ilusión no como espejismo,
la otra, la de la esperanza,
en la que confías encontrar algo que te impulse o te mantenga en la línea de flotación,
o te arrastre hacia un objetivo,
la que te seduce de forma vertiginosa.

Es que la ilusión... es un faro
que alumbra el camino que construyes,
ese que llaman de la felicidad,
ese que llaman de la vida.

No quiero dejar de ilusionarme nunca
porque es la fuerza que me acompaña,
y se nutre del calor humano,
del AMOR en mayúsculas.

martes, 2 de febrero de 2010

De vez en cuando la vida

De vez en cuando la vida nos sorprende gratamente. Y esos momentos son los asideros de los rocódromos, por donde nos empeñamos en subir o nos vemos forzados a subir. ¡Benditos e importantes asideros!

Esta tarde me he emocionado leyendo la entrada de Atenea, Flores para vosotr@s. Me ha resultado de una generosidad y sensibilidad inmensas. Y desde aquí le doy las gracias por sus palabras con respecto a mí.

La vida nos sorprende cuando conocemos a personas que, probablemente jamás lleguemos a ver físicamente, pero que sí llegamos a palparlas casi con las manos a través de la pantalla del ordenador, e intuimos y compartimos sentimientos, impresiones, experiencias... Y eso es lo que nos acerca y nos une. Quizás la virtualidad nos ofrece esa posibilidad de desnudar el alma sin pudor alguno ante desconocid@s, que llegamos a conocer muy a fondo.

Escribir me libera de la presión de la vida, escribir de forma automática, espontánea, libre... He cambiado mi cuaderno por los blogs, y me alegro de ello. Se lo recomiendo a cualquiera que desee experimentar esta sensación de libertad, de terapia... donde no cae en saco roto lo que expresas. Siempre hay alguien que te lee, comente o no, y que puede obtener algo de estas palabras, aunque sea simplemente distracción.

Hasta ahora yo me había sentido como en esa estrofa que canta Serrat: De vez en cuando la vida/ nos gasta una broma/ y nos despertamos/ sin saber qué pasa,/ chupando un palo sentados/ sobre una calabaza. Me desperté de un bonito sueño de princesas y me tropecé con mi realidad. Había llevado una vida normalizada y, de pronto, el destino quiso parar ese sueño. Ha sido una estrofa que me ha martilleado las sienes en este tiempo, llenándome de nostalgia por lo que ya no es, por lo que se fue, por lo que perdí.

Hoy me doy cuenta que en esta nueva etapa de mi vida también he ganado mucho en calidad (y no de vida precisamente, buf!), en calidad humana. Me siento mejor persona (aunque siempre he sido buena gente, jaja) y he conocido mejores personas aún. En estos momentos os ofrezco esta otra estrofa: De vez en cuando la vida/ afina con el pincel:/ se nos eriza la piel/ y faltan palabras/ para nombrar lo que ofrece/ a los que saben usarla.






Hoy la vida me ha besado en la boca.


domingo, 24 de enero de 2010

Amo tanto la vida que...







Amo tanto la vida que, cuando me siento perdida, me aferro a ti.
Amo tanto la vida que, a pesar de los obstáculos, salto el foso de la desesperación.
Amo tanto la vida que, aún estando nublado, veo el sol en tus ojos.
Amo tanto la vida que la sonrisa de los que amo ilumina mi camino incierto.
Y es que ¡amo tanto la vida...!

domingo, 17 de enero de 2010

Sobreponerse a las minas



Me muevo con pies de plomo, despacio, asentando la planta con inseguridad. A veces con titubeo, poco a poco, con recelo... mirando hacia todos lados como presintiendo el enemigo cerca o dentro de mí misma. Cuando pienso y siento el suelo firme, entonces dejo caer, con todo su peso, el pie que guía mi paso y me invita a avanzar. Aún así, el suelo minado puede dar una sorpresa. Puede hacerse dueño de la destrucción.

  • Mina nº1: Presenciar un accidente de carretera; o mejor dicho, imaginar tras cerrar los ojos -después de observar el despliegue de dispoditivos de emergencia-, los cristales, mezclados con heridos, amasijos de hierro de un coche que perdió su figura para siempre y tal vez a su conductor...

  • Mina nº2: Entrar en la casa, cerrada desde el inicio de los tiempos, y observar situaciones incontrolables para mí, fenómenos, acciones de otros que vigilan o guardan el hogar que no les duele.

  • Mina nº3: Desahogar mi incontinencia urinaria, que no avisa, que trata de encadenarme a mi casa, a mi refugio, que no quiere sentirse muy lejos de él, que se rebela.

Remedios para combatir las minas:

  • Remedio para la mina nº1: Lo primero fue, cerrar los ojos, lo suficiente para sobrepasar la desgracia; porque, como copiloto, voy más atenta a la carretera que mi propio conductor. Lo siguiente fue, bajar de nuevo el volumen de la radio, por empatía, hasta asimilar el sufrimiento ajeno y sobrepasarlo.

  • Remedio para la mina nº2: Descargar mi ira e impotencia hacia mi compañero hasta hacerle reaccionar. Aunque la solución aún está en el aire.

  • Remedio para la mina nº3: Quitarme la ropa interior, lavarla y guardarla, junto a mi dignidad. La próxima vez que me aleje de mi casa, prometo ir prevenida.

Tres minas he pisado hoy, que no han conseguido su propósito. Aunque al principio humedeciesen mis ojos, las he solventado y he salido airosa. Tenía una ilusión cargada de esperanza: el viernes fui al traumatólogo y me dio fecha para la operación. He iniciado la cuenta atrás.

Procedencia de la imagen.

miércoles, 6 de enero de 2010

Ayudando a construir la magia


Ayer, mientras veía la Cabalgata de Reyes por televisión, me entró una súbita nostalgia, una necesidad de tener un niño pequeño a quien ilusionar y con quien ilusionarme. Noté mi casa vacía, el "nido vacío".

Cuando mi hijo era muy pequeño contaba con la ayuda inestimable de mis padres para que lo llevasen a ver la cabalgata. Mi madre se llevaba los bolsillos cargados de caramelos, desde casa para, durante el recorrido, ir echándoselos a los pies de mi hijo que, en su inocencia creía que los Reyes eran quienes se los arrojaban. Mientras, aprovechábamos para hacer los intercambios de regalos entre mis hermanos.

Al llegar la noche y vencido por el sueño y la ilusión, mientras dormía colocábamos los regalos. Mi hermano el menor iba a casa de la vecina por la moto de batería o el caballo balancín o cualquier juguete inescondible en nuestra casa. En ese momento, yo me imaginaba la misma acción en todos los hogares y me hermanaba con todos los padres del mundo, de mi mundo, con una ilusión compartida de hacer y ver felices a nuestros pequeños.

Al llegar la mañana de Reyes, oía sus pasitos pasillo arriba pasillo abajo, hasta que él comprendía que debía ser una hora prudente y nos despertaba anunciando la venida de los Reyes. Esperaba pacientemente que nos levantásemos. Yo tardo un poco, porque el aparato ortopédico tiene sus correitas y las botas, sus cordones. Cuando estábamos junto a él, sentaditos en el salón y mi marido con la cámara de vídeo preparada, comenzaba a abrir los regalos envueltos en brillantes papeles, entre globos de colores, me los iba colocando sobre la falda. En realidad, nunca he sabido dónde se concentra más ilusión si en el niño o en los padres por ver la felicidad de éste o en los abuelos, que contemplaban la escena embelesados.

Cuando fue mayorcito, esperaba a que se durmiera, bastante tarde por cierto, y poder arrastrar como podía las bolsas hasta el salón para colocarles los regalos y chucherías. Por la mañana, nos traía a la cama sus regalos para abrirlos delante de nosotros y compartir su emoción y la nuestra.

Anoche, mi hijo anunció a su padre que lo despertase si veía que dormía demasiado, a estas edades nunca tienen prisa por levantarse. Y esta mañana se ha despertado él solo y se ha metido en mi cama mientras mi marido preparaba el desayuno. Hemos desayunado los tres nuestro roscón de reyes en la cama, comentado otras navidades pasadas y diversas anécdotas con el regalito del roscón, que siempre le tocaba a él. Después nos hemos entregado los regalos.

Esta mañana hemos construido la magia entre los tres, y hemos compartido un momento de felicidad y ternura que me ha llenado como cuando era un niño y yo era una niña.

Imagen: Google.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Luces (y sombras)


Menos mal que han cesado las lluvias, aunque ha dejado una humedad y un frío que me crecen musgos desde las fosas nasales. Ya pensaba yo que también este año me quedaba sin ver el alumbrado navideño del centro de la ciudad. El año pasado me encontraba muy malita y no aguantaba sentada ni siquiera una hora. En cambio, en estos momentos estoy fuerte, con dolores menos fuerte... Yo diría que se han afeminado un poco, los dolores, digo; se han hecho más sensibleros, más compasivos, más sentimentales... desde que los trato con Lyrica (amén de otros fármacos), se me crispan menos los nervios. Son buenos tiempos para la lírica, pues! ...

Hoy, que ya es ayer, me he pertrechado con mi abrigo, guantes, bufanda, mi mantita de viaje que no es tal sino un bonito echarpe de lana, grande e ideal, que siempre lo llevo en la canastilla de mi scooter para cuando voy de paseo. Ese es otro: mi scooter, del que ya os he hablado en otra ocasión. Y no sé si os he dicho que se desmonta y entra a las mil maravillas en el maletero de mi coche familiar, que cada vez es menos mi coche, para denominarse "el coche de mi hijo". Él, mi hijo, se ha convertido en mi chófer particular. Así que juntitos los tres: papá oso, mamá osa y osito hemos paseado viendo puestecillos navideños y abriéndonos paso entre el gentío que era mucho y variopinto, y formaban pella (entiéndase "se agolpaban") en los lugares más inverosímiles para charlar, saludarse o tontear simplemente. Y yo, armada de la paciencia que me caracteriza esperaba o esquivaba, haciendo caso omiso a los consejos de mi hijo que me decía con cara de irónica guasa y la impaciencia que da la juventud: "yo que tú (que quiere decir "si yo fuera o fuese tú", cosa harto improbable), atropellaba a quien no se quitara". Y ganas no me han faltado, porque una es buena, que si no...

He llegado a mi casa helada y dolorida, aún lo estoy, pero he llenado mi retina de luces de colores y mis oídos de mil voces que me han devuelto otras navidades pasadas.

Felices sueños.

Imagen: Google.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Antiguas compañeras de colegio


He mirado con ojos de niña y he oído voces risueñas y relatos antiguos, algunos olvidados, otros rememorados con placer. Anécdotas narradas con la picardía que otorga el paso de los años. Hemos derramado sobre el mantel la complicidad de aquellas estudiantes que fuimos un día.

Esta mañana he llamado a un eurotaxi, en el cual entro perfectamente montada en mi scooter, cual diosa Cibeles. Ha tardado más de lo previsto. Después de algunas llamadas de mi marido echándole la bronca, y deshaciéndose en mil disculpas el taxista, nos hemos dirigido al punto de encuentro. Allí ya estaban mis compis esperándome.

Tengo que hacer aquí un aparte, como en el teatro. Es la primera vez que salgo sola, solita, desde hace algo más de un año, en que mi vida dio otra vuelta de tuerca. Y hoy lo he podido hacer posible gracias al uso de mi scooter eléctrico que me da una autonomía esencial y un esprint en el corazón.

Cuando hice mi bajada triunfal del taxi, con aquel cálido recibimiento, fue una bocanada de libertad, de entusiasmo, que presentía una velada conmovedora. Nos dirigimos rápidamente hacia el restaurante donde nos esperaba la mesa reservada. Allí dentro, aparqué mi modesto scooter en un rincón, y mi persona, junto a mis compañeras.

Hemos compartido diferentes tipos de arroces, fotos, risas, brindis, intercambios, besos, retazos de historias y promesas de nuevos encuentros.

Ahora tengo el regusto que da haber pasado un día en una compañía grata y cercana. Ha sido una jornada muy emotiva. Pero mi gratitud y emoción es doble cuando pienso en el arropo de mi familia, poniendo todo a mi alcance y apoyándome para hacer posible cualquier sueño o ilusión. Pendientes de cualquier detalle para que todo saliera bien.

Pues sí, todo ha salido muy bien.

Imagen: Google.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Sumando pequeñas ilusiones


Esto que os voy a decir no lo he aprendido hoy, ni ayer, ni el mes pasado, ni hace un lustro... Cuando se tiene una pequeña ilusión, un pequeño proyecto, una diminuta meta, hace que todo gire en su consecución. Y los preparativos, los preámbulos, los prolegómenos... van generando las endorfinas suficientes para construir pensamientos positivos, disminuir el dolor y favorecer los denominados "momentos felices", que yo llamaría simplemente: felicidad. Y no me digáis que ese es un concepto muy grande para definir un momento, delimitado en el tiempo.

Yo tengo mi teoría. Cuando la vida de una persona se limita, de repente, en lo físico (por problemas de salud, como es mi caso), se limita también en lo social, es decir, en todo lo que nos rodea, en lo que nos envuelve, en lo externo. Todo se reduce drásticamente, y tienes que reconducir tu vida hacia lo concreto, lo cercano. Por reducir, se reducen hasta los compañeros, los amigos ; muchos se pierden en el camino, aunque aparecen nuevos y escogidos, selectos.

En una proporción inversa, se expande, se engrandece nuestro mundo interior. Y el tiempo, todo ese que nos faltaba antes, en un ritmo acelerado; ahora, nos sobra, se ralentiza.

¿Y todo este rollo filosófico a qué viene, os preguntaréis? porque os voy a contar una nueva y pequeña ilusión.

Hoy he vuelto a ir a la peluquería, y no penséis que voy todas las semanas, no, no, qué va. Espero, espero y pospongo, hasta que me aparece la raya de heroína en la cabeza y las patillas del Puma, aquel que cantaba "Pavo real". Pero es que mañana tengo que estar presentable y, si puede ser, mona. Nos reunimos unas colegialas encantadoras, algunas de nosotras hace más de treinta años que no nos vemos, y quiero causarles la mejor impresión posible. Estamos todas muy ilusionadas.

Los días previos han sido de preparativos, de llamadas telefónicas y correos electrónicos. Y yo, además, temiéndome no estar bien para este encuentro y pidiendo ayuda a superhéroes de pacotilla.

Así que, hoy ha tocado peluquería. La sesión de Gran Hermano ha sido más corta, ya que como tenía mi tinte y mis mechas impecables, sólo he necesitado un cortecito y un peinado. He terminado muy pronto y he aprovechado para darme una vueltecita por el centro comercial, con su decoración navideña tan ideal. Y mientras compraba y miraba, mi cabeza no paraba de pensar en qué modelito me pondría para el evento. Y ha sido esta noche cuando he abierto el armario y, con ayuda de mi hijo, me he probado algunos hasta decidirme, no sin antes darle la tabarra al muchacho sobre cuál me sienta mejor, o me hace más joven... cuando el padre ha asomado, ya habíamos resuelto la disyuntiva.

Otro preparativo ha sido las cargas de baterías: la de la cámara fotográfica y la del scooter eléctrico, al que me he acostumbrado en nada de tiempo y me va fenomenal. Y todos de cabeza: dónde está el calgador de la cámara, yo lo guardé en su sitio, pues no lo veo, si es un perro te tira un bocao, este niño es que no mira nada, ay, ay.

Llevo todo el día bromeando, con muy buen humor y mi mente ocupada en este pequeño proyecto, en esta pequeña ilusión.

Esta noche no sé cómo poner la cabeza en la almohada para no estropear el peinado. Mientras esto escribo, no quiero girarla, sólo lo justo, para ver la tele de reojos. Entre eso y escribir sobre el pecho, viendo el teclado también de reojo, presiento que esta noche voy a dormir pronto.

Felices sueños.

Imagen: Flickr.

Te regalo un sueño, tú decides cuál