Me acompañan en esta travesía

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martes, 13 de marzo de 2012

La percepción



La diferencia entre lo real y lo irreal puede desaparecer, viéndose perturbada la percepción de la realidad. Esta es una característica de la locura. Sin embargo, una de las paradojas que más me fascina es ésta precisamente. La realidad es objetiva en su propia esencia; no obstante, la percibimos de forma subjetiva, construimos nuestra propia realidad, a nuestra medida. Y ante ella, nos mienten nuestros ojos, nos engaña nuestro cerebro y nos traiciona nuestro corazón.



Podemos llegar a palpar la inocencia y la pureza en cualquier paisaje, con sólo mirar desde dentro.


Mirar qué encierra y de qué se llena el vacío. A qué suena el silencio.


A veces creemos conocer a alguien, pero nos desengañamos con frecuencia y es porque sólo vemos lo que queremos ver. Nuestros sentidos se rebelan y distorsionan la realidad.

viernes, 3 de febrero de 2012

El miedo


Es sano enfrentarse a los miedos, analizarlos, desmenuzarlos... Podemos diseccionarlos y, en ese conjunto de pequeños trocitos, minimizamos cada fragmento, tiñéndolo de otro color, otro olor, de otra melodía. De manera que transformamos los miedos en algo llevadero, hasta que llega el momento en que dejaron de afectarnos.

Ha llegado la hora de proyectar imágenes positivas, de tomar conciencia, de sentirse presente, de dar, de hacer uso de la bondad. Si somos capaces de desterrar el miedo y la ira, tendremos la solución a todos los problemas, evitaremos el sufrimiento que nos provocan las emociones perjudiciales.

Procedencia de la imagen.

jueves, 3 de febrero de 2011

Ángeles


Todos llevamos dentro un ángel y un demonio. Me aterra pensar que un día pudiera vencer el mal, ¿con qué armas lucharía mi ángel? ¿con la razón, con el amor...? ¿a caso no sería una batalla perdida de antemano?

Todos necesitamos un ángel. Yo tengo muchos ángeles de la guarda en mi vida y no regalaría ninguno, aunque supiera que alguien los necesita. Sé que este pensamiento me lo inspira mi demonio. Quizás este sea el principio para volverse mala persona.

Y quizás la solución esté en compartir (esto creo que me lo ha inspirado un ángel)

domingo, 16 de enero de 2011

Una isla desierta llena de gente

He descubierto que me aferro a las personas como al aire para respirar. No sé vivir sin ellas. Sin su calor, sin sus caricias, sin sus palabras de aliento. Me alimento diariamente de las personas, me son imprescindibles. A la pregunta, ¿a quién y qué te llevarías a una isla desierta? Yo respondería "a gente", me llevaría a gente para que dejase de estar desierta.

Amo la soledad, elijo la soledad como momento único de diálogo interior, me gusta acompañarme a mí misma, no suelo aburrirme conmigo, creo que soy la mejor compañía que conozco, la que más me comprende y me acepta tal como soy. Sí, me siento en paz conmigo misma, trabajo me ha costado. Pero a esta altura de vida ya sé que cuanto más me quiero, más quiero a los demás. Me sobra amor para repartir, y necesito proyectar ese amor en los otros. Quizás por todo ello, me duelan tanto algunos comportamientos humanos tan sin sentido, tan hirientes, tan cargados de odio, crispación o, simplemente, indiferencia, que no comprendo por qué estropeamos la vida y a la gente que la vive. Para caminar, para avanzar, necesitamos comprender. No podemos superar un incidente, un tropiezo, una etapa, sin comprender el origen que lo causó, sin resolver el conflicto, en el caso de que lo haya.

Necesito a las personas, por eso, cuando me fallan, me desilusionan, me defraudan... me duele tanto, me hiere tanto. Y es una herida física, es un dolor que se puede palpar, para el que no existe calmante alguno que no sea el tiempo y un apósito rígido que tape el abismo de amargura.

A veces, nos complicamos y malgastamos la vida, la única vida que viviremos. Si fuésemos conscientes de esta verdad, quizás actuásemos de forma diferente. Pero, inconscientemente, pensamos que siempre viviremos o que nuestra vida será lo suficientemente larga como para rectificar al fin de nuestros días. Y que ése tardará en llegar.

Hoy me siento mal, no comprendo tantas cosas de los seres humanos...!! Esto me provoca tristeza y me impide avanzar. A pesar de todo, llenaría la isla desierta, porque sigo creyendo en las personas.

Buenas noches y felices sueños!!

viernes, 7 de enero de 2011

Año nuevo, vida nueva


Estoy cansada, harta, desencantada... en lucha con mis demonios, furiosa conmigo misma. No sé quién inventó aquella estúpida frase de "año nuevo, vida nueva". Yo, actualmente, no vislumbro ninguna novedad en mi vida. Continúo con mis sesiones de rehabilitación, continúo con los mismos problemas, aunque con mayor deterioro. Pero sí he observado un cambio de actitud en la forma de enfocar mi vida diaria. Estoy adaptándome de tal manera a mi situación, que intento convivir con ella sin que sea el centro de atención. Salgo más, me relaciono más. He abierto más mi vida social, antes era nula, no existía. Es curioso cómo vamos perdiendo a los amigos, o a los mal llamados "amigos". Te van abandonando en el momento en que no les puedas dar aquello que antes les dabas. No puedes seguir su ritmo, no puedes atender a sus exigencias; y entonces, el círculo cada vez se va cerrando más, hasta quedar reducido a tu familia, que siempre está ahí, y a un grupo de amigos que se pueden contar con los dedos de una mano (y sobran dedos).

Pues sí, estoy aprendiendo a conocer mi cuerpo y cómo reacciona ante qué cosas. Sé las horas de descanso que necesito antes de realizar una salida y después de la misma, para recuperarme. Sé el tiempo que puedo soportar fuera de casa, el tiempo que puedo soportar dentro de ella, sentada, tumbada, haciendo el pino-puente... Ahora sé cómo se puede comportar mi vejiga y cómo me puede sorprender para bien y para mal. Este conocimiento de mi situación me está permitiendo poder acometer otras actividades que me permitan vivir fuera de mi urna, aunque sea durante un momento. ¿Que esto es vida nueva? Bueno, ya comencé con ella el año pasado y pienso seguir en su línea durante este año, así que esta forma de actuar no es nueva.

No he descubierto la piedra filosofal. Me sigo rebelando contra mí misma, contra mi cuerpo, contra el dolor. Esto no es un camino de rosas, nadie dijo que fuera fácil vivir. Pero, por lo pronto, este es el camino que pienso seguir.

La próxima semana espero una respuesta médica, quizás confirme lo que no quiero oír, y se me venga de nuevo por tierra mi filosofía barata. Pero mientras tanto, a seguir con mi táctica.

El domingo voy a viajar, y ya estoy pensando en la logística. El sábado toca descanso, es como la jornada de reflexión antes de un referendum. En ese día tengo que dejarlo todo atado (uf! que mal ha sonado ese "todo atado... y bien atado"), porque no me la puedo jugar con los imprevistos. Espero que no nos llueva, aunque habrá que ir preparados.

(Al ver este chiste de Forges he pensado aquella popular frase de "virgencita, virgencita que me quede como estoy", jajaja...)

Os deseo felices sueños

Procedencia de la imagen.

lunes, 26 de julio de 2010

En mi desnudez

¿Por qué me invade esta tristeza? ¿por qué brillan los ojos que me devuelve el espejo? y una mueca, que no es mía, se ha instalado de nuevo en mi rostro ¿será éste mi estado natural? Nunca pensé que llegara a pensarlo algún día, nunca imaginé que llegara a imaginarlo algún día.

Creo que las casas se contagian de nuestros sentimientos. Así en ésta, en la que me encuentro ahora, viví, hace apenas un año, unos momentos depresivos terribles. Y hoy me atrapa esta misma tristeza, la noto en las paredes, parece que se rezuma por ellas como si fuese humedad. ¿Debo tener motivo? No sé. En mi hogar me siento a salvo del mundo, con mi rutina estructurada, y acomodada a ella después de un cierto tiempo. No creáis que no me ha costado, pero eso es ya terreno ganado y hoy disfruto de ella.

No obstante, intento salir de mi rutina, salir de mi casa, ver otro cielo, otro techo, otros atardeceres, otras paredes... disfrutar de mi gente. Me hago el firme propósito de vivir.

Encima de mí gira el ventilador con ese movimiento hipnótico, hago esfuerzos por dejar mi mente en blanco, no pensar, pasar las horas. Estoy sin tele, sin Internet, se me ha acabado el libro que me había traído para leer este fin de semana (he calculado mal). Un libro que habla de soledad, quizás por eso me siento tan sola, tal vez tenga la culpa "La soledad de los números primos". Me siento un número primo, un solitario número primo a solas con mis cavilaciones sumida en un silencio. Cuanto más tiempo permanezco callada, más me cuesta arrancar con una palabra y, por contrapartida, más me bulle el pensamiento, se dispara desbocado. Tal vez no estaría de más que me mirasen la cabeza o el corazón, que es donde siento la pena, o el estómago, que es donde siento la angustia, o el pecho, que es donde siento la opresión, o la pierna, que es donde siento el dolor.

El dolor. Luego está el dolor. ¿Duele más porque estoy triste o estoy triste porque me duele más? Este enigma se me antoja como aquello del huevo y la gallina, algo de difícil respuesta, vamos, una pregunta trampa. Quizás eche en falta mi cómodo sillón relax o mi cómoda vida, o eche en falta todo lo que podía hacer antes y que ahora no puedo. Aquí se hace más evidente. Era mi lugar de vacaciones al que acudía con ansia por descansar, y valoraba todo lo que la naturaleza nos brinda. Ahora que dispongo de vacaciones perpetuas, mi cuerpo no me acompaña, mi salud no me permite hacer nada. Tengo las manos llenas de tiempo y se me escapa entre los dedos sin hacer nada, en la más absoluta contemplación de las cosas, sin poder palparlas. Necesito tocar. Son tantas las carencias...

Nota: Esta entrada la escribí en la madrugada del sábado a las 00:59
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El poder de adaptación

¿Cómo nos podemos adaptar a las circunstancias sean las que sean? ¿cómo se ponen a funcionar los mecanismos de defensa cuando existe una alerta?

El fin de semana ha transcurrido apacible con baños, paseos, charlas y cura de sueño. A cambio de leer, he escrito; a cambio de ver la tele, he charlado; ha cambio de charlar, he escrito; a cambio de Internet, he visto y he hecho fotos... En general, no ha estado tan mal el fin de semana. Todo es cuestión de adpatación y darle la vuelta a las cosas para que te ayuden a vivir y no te pongan la zancadilla.

miércoles, 23 de junio de 2010

Un acto de fe


La fe en el ser humano, la fe en las ideas... esa es la fe que me mueve y a la que dedico el título de este post.

Sin embargo, hace tiempo que he ido perdiendo esa virtud, porque la fe es una virtud. Me he desvirtuado totalmente. Primero perdí la fe ciega, que siempre me ha gustado practicar, porque para algunas cosas soy, lo que se dice por aquí, "mu apretá", entiendase en castellano, "muy apretada"; es decir, muy excesiva, muy exagerada. Más tarde perdí la fe a secas. Después, entré en terreno más pantanoso, comencé a perder la esperanza y me desesperancé por completo.

Claro, que este proceso se origina por unos motivos de peso, no es algo baladí. Y esos motivos, en mi caso, han sido que después de las operaciones a las que recientemente fui sometida (y no de cirugía estética, precisamente) sigo con los mismos dolores y el mismo cuadro médico (que no pictórico). Me han sometido a diferentes pruebas médicas, también (y no atléticas). Y mi médico, al que tengo loco, cree haber encontrado la causa de mi mal.

A pesar de mi esperanza desteñida, hoy he practicado un acto de fe en su consulta. Me ha prescrito chiquicientas sesiones de rehabilitación, y confía que con eso mejoraré. Yo he querido creerle a pies juntillas. Y es que necesito creer, necesito recuperar mi fe. Y hoy he empezado por mi médico.

Procedencia de la imagen.

viernes, 16 de abril de 2010

¿Quién?

¿Quién seré mañana? ¿Quién habitará en mí que no sea yo? ¿Quién será el otro instalado? ¿Me habrá ganado la batalla? Cuando el presente te desborda, desvías la vista al futuro. Ese es el que me aterra.

jueves, 15 de abril de 2010

Todo fluye o la razón de este blog

A veces, cuando creemos que dominamos una faceta de nuestra vida, que nos hemos consolidado en ella, nos encontramos con que de repente nos sorprende eso que llaman el devenir. Somos seres cambiantes y, en muchas ocasiones, no nos da tiempo a asimilar los cambios cuando ya dejamos de ser aquellos que éramos para seguir siendo otros, vestidos de nosostros mismos, con nuestros mismos defectos y nuestras mismas verdades, pero otros distintos en el tiempo.

Así veo a este blog en que últimamente no lo percibo del mismo modo, no es el mismo que fue. No sé hacia dónde se encamina ni en qué terminará, o si lo hará o no en un futuro inmediato. Hay momentos en que las cosas pierden la función para la que fueron concebidas y entonces se les instala un vacío que solemos llenar con otras funciones.

Cuando creé este blog lo hice con el propósito de ser un blog terapéutico, que me ahorrase la consulta con el psicólogo, que me ayudase a poner unas tiritas a mi corazón cuando está malito. Un lugar para el desahogo, donde nadie que me conociera puediese percibir mi angustia, expresada con total libertad sin yo cohartarme a mí misma. Pensé que lo leería, sólo aquella persona que lo deseara, anónima como yo, sin más implicaciones personales que las que pueda crear la propia red.

Hoy necesitaba escribir para conjurar el dolor, pero el sólo hecho de saber que mañana pudiese leerlo alguien cercano a mí me ha frenado de tal manera que he rechazado la idea. No quiero crear dolor con mi dolor. Y no puedo convertir tampoco el blog en intermedario de comunicación por conocer y saber de antemano las personas que lo van a leer. Me gustaba más antes en que no tenía ningún vínculo con nadie y podía despacharme a gusto soltando toda la loza que me oprime el pecho y todas las miserias desde lo más hondo. Ahora me freno, me lo pienso primero. Paso todo por el tamiz de la razón. Antes escribía con mayor espontaneidad, sin sopesar los pro y contras de mis palabras, con esa escritura automática que tanto me gusta. Y, aunque de esa manera estoy escribiendo este texto, lo hago con todo el nivel de conciencia que me permiten mis pastillas.

¿Por qué somos tan complicados? Esta pregunta la dejo en el aire para que cada cual me ayude a darle respuesta.

Mañana amanecerá de nuevo. Felices sueños.

martes, 13 de abril de 2010

Preguntas y respuestas de una mente inquieta


¿Por qué las estrellas nos ciegan a veces? ¿será que la belleza es inconmensurable y se nos escapa o nos perdemos en ella? Respirar belleza es respirar felicidad y es tan grande y absoluta que nos da miedo. Nos puede envolver hasta oscurecer su visión.

Poco a poco, desmenuzando cada hebra de belleza podremos disfrutarla en toda su plenitud. En dosis, sin atragantarnos de dicha, aunque esta es una de las indigestiones que más podría agradecer.

¿Por qué el mar nos aterra y nos atrae? ¿será porque es capaz de serenar su ímpetu y mecernos como una madre? Tiene la habilidad de pasar de un sonido atronador, que nos viste de miedo ancestral, con una dulce y rítmica nana que marca sus olas en compases perfectos. El mar es voluble y adaptable a cada momento.

Por qué la música nos lleva de un lugar a otro, de un estado a otro? Será que los sentimientos se dejan llevar por ella y el ánimo viaja sin billete hacia ninguna parte fija, explorando cada rincón de nuestro corazón buscando respuestas.

¿Por qué nuestro cuerpo maltrecho puede vencer el cansancio si nuestra alma está alegre, satisfecha? Será que en lo material impera lo inmaterial y es capaz de tapar las preguntas del cuerpo frente a las respuestas de nuestro espíritu.

Hoy estoy cansada ¿será que anoche dormí poco? pero me siento feliz, inmensamente feliz. Será que estuve intercambiando palabras repetidas por sentimientos nuevos.

Procedencia de las imágenes: 1, 2, 3.

sábado, 10 de abril de 2010

Lo bueno que hay en lo malo


En este tiempo he aprendido a abrir el cofre de las emociones para compartirlas.
He aprendido a desnudar mi corazón maltrecho, sin miedo a que me hieran.
A pronunciar palabras que encierran amor.
A decir "te quiero" sin sopesar las consecunecias.

Esto es una de las mejores cosas que me han pasado en este tiempo en el que Hades me ha sometido a una dura prueba, que ya dura demasiado, y en la que me ha dejado el corazón en carne viva, como cantaba Raphael (aunque no por un amor perdido).

Ahora amo más a la vida, a la gente que puebla mi pequeño universo. Valoro más cada gesto, cada palabra... siento más el amor. Tal vez me he vuelto más ñoña, y puede que vaya camino de convertirme en una vieja chocha, pero con un mundo interior repleto de armonía: ese es mi objetivo más inmediato.

Ahora estoy aprendiendo una lección que nos da el taoísmo, a ver lo bueno que hay en lo malo y lo malo que hay en lo bueno, ambos son la misma cosa.

domingo, 4 de abril de 2010

Teoría del ombliguismo y sus consecuencias


Dejé de verme el ombligo desde que me operaron de escoliosis, en la década de la movida. Cuando te ponen más derecha que una vela, tiesa, orgullosa... por más que intentes doblarte para observar tu ombligo, no lo consigues jamás. Así que, si decides hacerlo, deberás ponerte frente al espejo, y el gesto -que no es el mismo-, hace que cambie la perspectiva de la situación. Lo ves fuera de ti. Y esto no es malo, sino todo lo contrario.

Últimamente, parece que todo lo focalizo hacia mí. Soy el centro de atención de los que me rodean y, por si fuera poco, me miro el ombligo. Sí, tengo un pensamiento ombligocéntrico, como si no existiera nada que no fuera mi propio ombligo. Lo que me pasa, lo que siento, este blog mismamente. Te "quema".

Por mi profesión, cuando he tenido que estar dos horas seguidas hablando sin parar, más otras dos horas, más otra hora... ha llegado el momento en que me he cansado de oirme a mí misma, de oir mi voz, de oirme yo y mi yo. Algo así es lo que me pasa ahora con mi ombligo que, por cierto, me lo operaron este verano, ahora es "mi ombligo y su cicatriz". Fijaos que hasta el centro de mi yo tiene cicatrices (aquí pegaría un "jeje", pero no).

Estoy cansada de mí, de ser quien soy. Veo el mundo cambiante, las prisas, la gente... y yo inmóvil, con el tiempo parado (ahora no uso reloj, antes era algo impensable para mí), mirándome el ombligo -aunque sea a través de un espejo-, y abusando del pronombre personal en primera persona del singular: yo, yo, yo... y no es para reafirmarme, preciamente.

Nota: Hoy he necesitado fustigarme un ratito, usar el silicio por aquello de la Semana Santa que acaba de terminar. ;)

Procedencia de la imagen.

Te regalo un sueño, tú decides cuál