Me acompañan en esta travesía

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miércoles, 5 de enero de 2011

El día de Reyes y las decepciones

A la edad de seis años, me trajeron los Reyes una flamante guitarra que hizo mi delirio. Fue el regalo estrella, ¡era de verdad! y, con ella, encallecí mis tiernos deditos, sacando notas y sones, que me apresuraba a apuntar en un papel o allá donde pillaba, con una simbología extraña, que sólo yo conocía. Me encerraba en mi habitación, mi sancta sanctorum, donde experimentaba con la música y mi oído.

Al año siguiente, animada por tan estupendo resultado, me atreví a más. Pedí un piano ¡de verdad! Pero cuando somos niños, no sabemos dónde está el límite de lo posible y de lo imposible, es así como vivimos la niñez, cargada de sueños que nos ilusionan. Aquella noche me levanté a oscuras, como acostumbraba todos los años, sin hacer ruido, acompañada por mi hermano que compartía mi ilusión y la suya. Tocábamos, palpábamos orientados por los brillos de los plásticos de las cajas. Era como un preludio, en tinieblas, de lo que nos esperaba en la mañana. Aquella noche, encontré un piano magnífico de color verde, con su atril y partituras de colores, en realidad era un xilopiano precioso. Pero era ¡de juguete! Aún recuerdo mi decepción y mi sentimiento de culpa, de no saber valorar aquel hermoso juguete que podía ser la delicia de cualquier niña. En ese momento, me sentí mal. Después jugué hasta el infinito con aquel piano. Recuerdo que a mi vecina, de mi misma edad, le trajeron los Reyes otro piano, pero pequeñito pequeñito, y fue entonces cuando aprecié más aquel juguete. A veces, necesitamos referencias o echar la vista atrás para conformarnos con lo que tenemos. Y en ese punto, te sientes mal e intentas hacer una cura de humildad.

No recuerdo otro día de Reyes en que haya sentido frustración, es el único que guardo en el armario de mi memoria. Siempre mis cartas han sido satisfechas de un modo u otro. Mis padres se las ingeniaban para pagar los juguetes durante todo el año, para llenar de ilusión la casa aquel día en que unos mocosos en pijama despertaban a todos entre risas y gritos.

Este año he pedido un deseo que ya sé, de entrada, que no se va a cumplir. Y sé también que será mi segunda frustración para guardar en el armario de mi memoria. A veces nos pasa que ponemos la confianza en alguien, entregamos el corazón sin condiciones y vemos cómo se derrumba nuestro mundo cuando nos falla ese alguien. En esta ocasión, no depende de los Reyes, ese regalo no está en sus manos.

Os deseo un feliz día de Reyes, y que no os traigan mucho carbón.

Buenas noches y felices sueños!


martes, 28 de diciembre de 2010

¡Adiós, 2010!: confesiones

Si reconstruyo el puzzle del 2010, encuentro algunas piezas un tanto defectuosas y, por el contrario, otras que son espléndidas. Algunas quedarán guardadas en la caja de los recuerdos, pero otras piezas continuarán sirviéndome para construir el puzzle de 2011.

El año comenzó con proyectos ilusionantes. Esperanza puesta en gente que me devolvería la salud y la ilusión, que apostaban por mí. Fui afortunada entonces porque, a pesar de soportar dos intervenciones, me sentí muy arropada por los míos, como siempre, que nunca me han fallado y han estado conmigo en los momentos difíciles. Recibí el aviso de mi jubilación entre sábanas blancas de hospital. Fue el inicio de replantear mi vida, tras una fuerte depresión.

Llegaron meses, muy duros, de recuperación en los que conté, además de mi familia, con una persona que me ayudó mucho en todo momento (incluso cuando estaba en el hospital me llegaba su buena energía), y a la cual estoy muy agradecida. Vivió mi día a día en la distancia dándome el cariño y la fuerza que necesitaba.

Pero el verano quebró mis ilusiones. Confirmé que las intervenciones no habían servido para nada y que la persona que tanto me ayudó, se esfumó como por ensalmo. El puzzle se deshizo, se desencajaron piezas, volaron algunas al país de los sueños. Hay un dicho popular que dice "Dios aprieta, pero no ahoga", pues también lo confirmé este verano (ha sido una estación de confirmación). He iniciado una nueva relación, y no hablo de amores, que estoy bien servida, hablo de amistades. He conocido a unos grupos de buenos amigos donde me siento como en casa, algunos los he conocido en persona; otros "virtuales", que son más reales aún si cabe.

Ha sido un año de idas y venidas a médicos y pruebas multicolores, buscando la piedra filosofal, y aún no la hemos encontrado, aunque sigo en ello, con la dosis de esperanza cada vez más pequeña (yo diría que casi acabada, en reserva, como la gasolina).

Termino el puzzle en paz conmigo misma. De él guardo, por lo pronto, todas las piezas para construir el nuevo del 2011.

Con los pies en el suelo y las aspiraciones puestas en otras metas, otros retos, intentando asumir mi realidad, digo adiós al 2010.

¡Feliz 2011!

martes, 24 de agosto de 2010

Hoy ha tocado médico



Hoy ha tocado médico.

Muy tempranito he llegado sin convencimiento, sin espectación. Esperando escuchar nada nuevo. Quizás él guardaba la esperanza que a mí me falta, porque esa es su profesión, estudió para eso, se preparó a conciencia, y la esperanza del médico entra dentro de su oficio de sanador.

Esta vez no me han multado, he entrado yo solita mientras mi hijo se ha ido a aparcar al fin del mundo. Y una vez, dentro de la consulta, no me ha dado tiempo a mirar los cuadros y fotos que la pueblan, ha entrado el doctor estrechándome la mano con su sonrisa sincera. Tiene cara de buena persona y lo es.

Ha mirado las radiografías que me acababan de hacer, todo sigue bien con respecto a la cirugía. Cada vez duele un poco menos la espalda. Y quizás esperaba que le contase lo mejorada que me encuentro con todo lo demás, lo bien que me han sentado las sesiones de rehabilitación, cómo los calambres se han reducido y los pinchazos y la quemazón y el acorchamiento...

Hemos hablado de nuevo de: tronco ciático mayor, escotadura, compresión del nervio, glúteo, musculatura, de más rehabilitación... Y yo de nuevo he buscado en Internet y he leído sobre: plexos lumbar y sacro, músculo piriforme...

Mi cabeza se madeja y desmadeja en buscar explicaciones, en autodiagnosticarme. Intento arañar la esperanza de donde no la hay. El dolor no me da tregua, no entiende de reglas de honor.

Ahora me dejará en la boca ese sabor extraño de decepción y esperanza, pendiente hasta que inicie de nuevo las sesiones de rehabilitación y constate lo uno o lo otro.

Buenas noches, felices sueños.

Algo de lo que he leído:
Procedencia de las imágenes: 1 y 2.

lunes, 26 de julio de 2010

En mi desnudez

¿Por qué me invade esta tristeza? ¿por qué brillan los ojos que me devuelve el espejo? y una mueca, que no es mía, se ha instalado de nuevo en mi rostro ¿será éste mi estado natural? Nunca pensé que llegara a pensarlo algún día, nunca imaginé que llegara a imaginarlo algún día.

Creo que las casas se contagian de nuestros sentimientos. Así en ésta, en la que me encuentro ahora, viví, hace apenas un año, unos momentos depresivos terribles. Y hoy me atrapa esta misma tristeza, la noto en las paredes, parece que se rezuma por ellas como si fuese humedad. ¿Debo tener motivo? No sé. En mi hogar me siento a salvo del mundo, con mi rutina estructurada, y acomodada a ella después de un cierto tiempo. No creáis que no me ha costado, pero eso es ya terreno ganado y hoy disfruto de ella.

No obstante, intento salir de mi rutina, salir de mi casa, ver otro cielo, otro techo, otros atardeceres, otras paredes... disfrutar de mi gente. Me hago el firme propósito de vivir.

Encima de mí gira el ventilador con ese movimiento hipnótico, hago esfuerzos por dejar mi mente en blanco, no pensar, pasar las horas. Estoy sin tele, sin Internet, se me ha acabado el libro que me había traído para leer este fin de semana (he calculado mal). Un libro que habla de soledad, quizás por eso me siento tan sola, tal vez tenga la culpa "La soledad de los números primos". Me siento un número primo, un solitario número primo a solas con mis cavilaciones sumida en un silencio. Cuanto más tiempo permanezco callada, más me cuesta arrancar con una palabra y, por contrapartida, más me bulle el pensamiento, se dispara desbocado. Tal vez no estaría de más que me mirasen la cabeza o el corazón, que es donde siento la pena, o el estómago, que es donde siento la angustia, o el pecho, que es donde siento la opresión, o la pierna, que es donde siento el dolor.

El dolor. Luego está el dolor. ¿Duele más porque estoy triste o estoy triste porque me duele más? Este enigma se me antoja como aquello del huevo y la gallina, algo de difícil respuesta, vamos, una pregunta trampa. Quizás eche en falta mi cómodo sillón relax o mi cómoda vida, o eche en falta todo lo que podía hacer antes y que ahora no puedo. Aquí se hace más evidente. Era mi lugar de vacaciones al que acudía con ansia por descansar, y valoraba todo lo que la naturaleza nos brinda. Ahora que dispongo de vacaciones perpetuas, mi cuerpo no me acompaña, mi salud no me permite hacer nada. Tengo las manos llenas de tiempo y se me escapa entre los dedos sin hacer nada, en la más absoluta contemplación de las cosas, sin poder palparlas. Necesito tocar. Son tantas las carencias...

Nota: Esta entrada la escribí en la madrugada del sábado a las 00:59
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El poder de adaptación

¿Cómo nos podemos adaptar a las circunstancias sean las que sean? ¿cómo se ponen a funcionar los mecanismos de defensa cuando existe una alerta?

El fin de semana ha transcurrido apacible con baños, paseos, charlas y cura de sueño. A cambio de leer, he escrito; a cambio de ver la tele, he charlado; ha cambio de charlar, he escrito; a cambio de Internet, he visto y he hecho fotos... En general, no ha estado tan mal el fin de semana. Todo es cuestión de adpatación y darle la vuelta a las cosas para que te ayuden a vivir y no te pongan la zancadilla.

domingo, 4 de julio de 2010

Complicidad y cordón umbilical


Me gustaría dedicar esta entrada a mi hijo, pero mi discreción y mi reserva hace que le proteja frente a cualquiera que pudiese opinar sobre él. Nos profesamos una admiración y complicidad mutua desde siempre. Ambos somos reservados y celosos de nuestra intimidad y, sin embargo, nos adivinamos en tantas ocasiones que sobran las palabras. No desearía que ese cordón umbilical se rompiera nunca, ni incluso cuando llegue el día en que abandone el nido.

Buenas noches, felices sueños.



Procedencia de la imagen.

miércoles, 23 de junio de 2010

Un acto de fe


La fe en el ser humano, la fe en las ideas... esa es la fe que me mueve y a la que dedico el título de este post.

Sin embargo, hace tiempo que he ido perdiendo esa virtud, porque la fe es una virtud. Me he desvirtuado totalmente. Primero perdí la fe ciega, que siempre me ha gustado practicar, porque para algunas cosas soy, lo que se dice por aquí, "mu apretá", entiendase en castellano, "muy apretada"; es decir, muy excesiva, muy exagerada. Más tarde perdí la fe a secas. Después, entré en terreno más pantanoso, comencé a perder la esperanza y me desesperancé por completo.

Claro, que este proceso se origina por unos motivos de peso, no es algo baladí. Y esos motivos, en mi caso, han sido que después de las operaciones a las que recientemente fui sometida (y no de cirugía estética, precisamente) sigo con los mismos dolores y el mismo cuadro médico (que no pictórico). Me han sometido a diferentes pruebas médicas, también (y no atléticas). Y mi médico, al que tengo loco, cree haber encontrado la causa de mi mal.

A pesar de mi esperanza desteñida, hoy he practicado un acto de fe en su consulta. Me ha prescrito chiquicientas sesiones de rehabilitación, y confía que con eso mejoraré. Yo he querido creerle a pies juntillas. Y es que necesito creer, necesito recuperar mi fe. Y hoy he empezado por mi médico.

Procedencia de la imagen.

martes, 6 de abril de 2010

Estrenar de nuevo con las sombras de Hefesto


El sábado estrené de nuevo mi scooter. No lo cogía desde antes de la operación y, desde entonces hasta ahora, cuando he salido he utilizado la silla de ruedas manual (no tengo eléctrica), por no darle movimiento a la espalda. Me sentí de nuevo independiente después de mucho tiempo, aunque a las cinco de la tarde ya estaba muy cansada y tuve que volver rápidamente a mi casa.

También estrené mi cámara de fotos (que me vuelvo loquita con ella), disparando aquí y allá como los fotógrafos profesionales, para luego descartar y quedarme con las mejores. Me encanta capturar momentos, instantes irrepetibles (el presente es tan efímero...), luces que ya no volverán a posarse de nuevo de la misma forma en que lo hizo ni iluminar de la misma manera.

Pero lo más importante es que estrené de nuevo una sonrisa bajo el sol. Sin embargo, no era esa mi sonrisa, ni mi mirada. Me sentía extraña. Me veía desde fuera, como en esos sueños en que nos vemos a nosotros mismos como personajes en manos de un narrador que, curiosamente, seguimos siendo nosotros.

Estrenar de nuevo, volver a estrenar como la primera vez. Porque a veces, se abre un abismo entre las distintas etapas de nuestras vidas y, entonces, es posible estrenar como la primera vez algo que ya había sido estrenado.

Desde esa tarde, los dioses se han cobrado el tributo que debo pagar por un instante de felicidad. Y esta circunstancia me entristece sobremanera. Son tan injustos... No sólo es Hades el que me infringe sufrimiento, que ha conseguido arrastrarme durante estos días, aportándome tristeza, también Hefesto me transmite su fuego que me abrasa mi pierna incandescente.

Creo que Hefesto me tiene envidia y celos (ha salido a su madre, Hera, mi tía), y de ahí, su sed de venganza. Él, tan feo y tan cojo; y yo, tan bella y perfecta... Él, arrojado al mar por su madre; yo, criada entre algodones. Pero la inquina que le tengo a mi primo no es porque sea feo y cojo, sino porque intentó violar a mi hermana Atenea, y eso no se lo perdono. Además, también la mortifica con su fuego, el muy cabr...

domingo, 4 de abril de 2010

Teoría del ombliguismo y sus consecuencias


Dejé de verme el ombligo desde que me operaron de escoliosis, en la década de la movida. Cuando te ponen más derecha que una vela, tiesa, orgullosa... por más que intentes doblarte para observar tu ombligo, no lo consigues jamás. Así que, si decides hacerlo, deberás ponerte frente al espejo, y el gesto -que no es el mismo-, hace que cambie la perspectiva de la situación. Lo ves fuera de ti. Y esto no es malo, sino todo lo contrario.

Últimamente, parece que todo lo focalizo hacia mí. Soy el centro de atención de los que me rodean y, por si fuera poco, me miro el ombligo. Sí, tengo un pensamiento ombligocéntrico, como si no existiera nada que no fuera mi propio ombligo. Lo que me pasa, lo que siento, este blog mismamente. Te "quema".

Por mi profesión, cuando he tenido que estar dos horas seguidas hablando sin parar, más otras dos horas, más otra hora... ha llegado el momento en que me he cansado de oirme a mí misma, de oir mi voz, de oirme yo y mi yo. Algo así es lo que me pasa ahora con mi ombligo que, por cierto, me lo operaron este verano, ahora es "mi ombligo y su cicatriz". Fijaos que hasta el centro de mi yo tiene cicatrices (aquí pegaría un "jeje", pero no).

Estoy cansada de mí, de ser quien soy. Veo el mundo cambiante, las prisas, la gente... y yo inmóvil, con el tiempo parado (ahora no uso reloj, antes era algo impensable para mí), mirándome el ombligo -aunque sea a través de un espejo-, y abusando del pronombre personal en primera persona del singular: yo, yo, yo... y no es para reafirmarme, preciamente.

Nota: Hoy he necesitado fustigarme un ratito, usar el silicio por aquello de la Semana Santa que acaba de terminar. ;)

Procedencia de la imagen.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Sin tregua

La noche presagió un frío de cuchillo. El dolor y el insomnio abocaba hacia la agonía que presentía mi cuerpo, al que se aliaban las inclemencias del tiempo. La cama se convirtió en un campo de batalla desierto, donde el llanto del amanecer iniciaba el duelo.

Esta mañana ha sido de esos días nublados y lluviosos que hubiese preferido saltar, hacer un puente, no festivo, sino de inexistencia, un día borrado del calendario, y amanecer mañana en otro día con otros pesares diferentes.

Hace año y medio, cuando empezó mi calvario, se unió a él un hermano de mi marido, sólo que en su caso se trataba de una terrible enfermedad que, al parecer, hacía tiempo que le estaba devorando sin ser consciente de ello. Ambos hemos atravesado diferentes frentes del dolor, intervenciones, doctores, doctores, doctores... Cuando mi familia "política" (me suena fatal, pero es para que lo entendáis) organizaba una visita, desgraciadamente, no turística, nos visitaban a ambos el mismo día. A mi familia y a mí, lo único que nos separa son los kilómetros, pero nos une el cariño que nos tenemos. Hablo de una familia numerosa de diez hermanos, al que le han restado uno. Un hombre fuerte, como sólo los hombres del campo saben serlo, noble, sencillo y con un corazón que le hacía derramar lágrimas de emoción en cada acontecimiento cotidiano, que no las reprimía, sino que las compartía en su expresión del sentimiento, generoso hasta en eso. Vino a visitarme en varias ocasiones, para darme ánimos, y cada vez me impactó más su deterioro, que anunciaba este desenlace.

Por las circunstancias, he tenido que convertirme en la portadora de la fatídica noticia. Mis ojos, secos se han desbordado cuando se lo he tenido que comunicar a mi marido, como si ellos estuvieran esperando ese momento de consuelo.

A veces una va al gimnasio, que no es mi caso, y aumenta el peso en la barra de abdominales, por ejemplo, y te sobrepasa. Hoy he doblado el peso. La pena me ha aplastado. Necesito algo que me de una tregua en mi vida.

Descanse en paz.

lunes, 8 de marzo de 2010

Desde el Hades: Gracias amig@s

Hoy me he aliado a la tecnología, no me preguntéis, porque es una larga historia que ya contaré en otro momento. Por fin, puedo comunicarme con vosotr@s a través de esta ventanita que me proyecta una luz especial en la cara.

Me han emocionado y conmovido vuestros comentarios, no sabéis cómo os lo agradezco. Aquí los días se hacen interminables, pero cada vez veo más cerca la salida. Parece como si nadie tuviera prisas, fuera sigue lloviendo. Yo, que me había hecho a la idea de traer la primavera antes de su fecha... pero por el camino que voy, casi me harán coindir con el equinoccio, para que sea un alta por todo lo alto.

En este tiempo he pasado dos veces por la sala fría del Hades y ha sido una cuesta muy dura, de la que ya voy superando la escalada. También, en este tiempo he pensado mucho en tod@s vosotro@s, aunque no lo creáis, he sentido vuestra fuerza y me ha ayudado mucho en mis noches de insomnio.

Os doy las gracias, de corazón.

miércoles, 20 de enero de 2010

No me gusta madrugar



Desde siempre lo he sabido: no me gusta madrugar. Tampoco me gusta dormir, pero cuando me pongo, me pongo.

Desde niña, ¿a qué niña le puede gustar madrugar? Quizás a los bebés, a las niñas cuyos padres consiguen que se duerman a las ocho de la tarde... (entiéndase las niñas, no los padres), a las que estén enganchadas con ciertos dibujos animados (cosa muy insana)

Yo aprendí a hablar, con mucha claridad, desde muy pequeñita. Y recuerdo, aún durmiendo en mi cuna, que solía dormir cogiéndole la mano a mi madre. La pobre, después de llevar un día agotador, pillaba la cama con tantas ganas que se dormía enseguida. Y yo, mientras fantaseaba a oscuras, notaba la falta de presión de su mano, y era cuando le repetía aquella frase egoista de: "mamá no te duermas, que yo no tengo sueño". O aquella otra frase más heavy, cuando era un poco mayorcita y mi madre me sugería la siesta veraniega tan reparadora que da un respirito a los papás: "-¿por qué no te duermes un ratito?, -es que me aburro..." ¡Dormir me aburría!, literalmente. Ya desde entonces opositaba para "Despierta perpetua". Porque hoy, si no fuera por las pastillas...

Me ha gustado trasnochar, lo he podido constatar de joven. No había un guateque, fiesta o sarao que acabase conmigo. Siempre he preferido la noche, quizás porque es el preludio de la mañana, o porque no he querido que el día acabase tan pronto, es tan corto...

¿Pero, madrugar? Aquellas mañanas frías de invierno iniciando los preparativos para el cole: el corsé, estira la camiseta... los pellizcos, ¡tengo sueño!. Mete la cabeza... odiaba los jerseis de cuello alto. Toma los calcetines, la bota, el aparato... tú sola, yo te ato los cordones... Esa rutina diaria, ese automatismo con los ojos llenos de sueño. ¿A quién podía gustarle madrugar?

Después llegó la etapa dorada. Se acabaron los madrugones y comenzaron las trasnochadas. Estudié en turnos de tarde y trabajé, posteriormente, en turno de tarde. Sin haberlo buscado, fue ideal de la muerte. Claro que en mi etapa laboral fue disminuyendo la vida nocturna paulatinamente hasta hacerse inexistente.

Y os cuento todo esto para deciros que hoy he madrugado. Mi mente se despertó a las ocho de la mañana con la alarma del teléfono móvil, mi despertador favorito. Pero mi cuerpo, que tiene vida propia, se tomó su tiempo. Y eso que yo lo estimulo, que siempre viene bien un poquito de ayuda. Muevo, estiro, crujo mi cuello y todos los músculos y tendones del cuerpo. Todo eso, antes de salir de la cama, y en dos fases: una tendida y otra sentada. Pero aún así, cuando me levanto debo tener cuidado con los movimientos, los mareos..

Irremediablemente, a mi cuerpo tampoco le gusta madrugar.

Procedencia de las imágenes: 1 y 2.

domingo, 17 de enero de 2010

Sobreponerse a las minas



Me muevo con pies de plomo, despacio, asentando la planta con inseguridad. A veces con titubeo, poco a poco, con recelo... mirando hacia todos lados como presintiendo el enemigo cerca o dentro de mí misma. Cuando pienso y siento el suelo firme, entonces dejo caer, con todo su peso, el pie que guía mi paso y me invita a avanzar. Aún así, el suelo minado puede dar una sorpresa. Puede hacerse dueño de la destrucción.

  • Mina nº1: Presenciar un accidente de carretera; o mejor dicho, imaginar tras cerrar los ojos -después de observar el despliegue de dispoditivos de emergencia-, los cristales, mezclados con heridos, amasijos de hierro de un coche que perdió su figura para siempre y tal vez a su conductor...

  • Mina nº2: Entrar en la casa, cerrada desde el inicio de los tiempos, y observar situaciones incontrolables para mí, fenómenos, acciones de otros que vigilan o guardan el hogar que no les duele.

  • Mina nº3: Desahogar mi incontinencia urinaria, que no avisa, que trata de encadenarme a mi casa, a mi refugio, que no quiere sentirse muy lejos de él, que se rebela.

Remedios para combatir las minas:

  • Remedio para la mina nº1: Lo primero fue, cerrar los ojos, lo suficiente para sobrepasar la desgracia; porque, como copiloto, voy más atenta a la carretera que mi propio conductor. Lo siguiente fue, bajar de nuevo el volumen de la radio, por empatía, hasta asimilar el sufrimiento ajeno y sobrepasarlo.

  • Remedio para la mina nº2: Descargar mi ira e impotencia hacia mi compañero hasta hacerle reaccionar. Aunque la solución aún está en el aire.

  • Remedio para la mina nº3: Quitarme la ropa interior, lavarla y guardarla, junto a mi dignidad. La próxima vez que me aleje de mi casa, prometo ir prevenida.

Tres minas he pisado hoy, que no han conseguido su propósito. Aunque al principio humedeciesen mis ojos, las he solventado y he salido airosa. Tenía una ilusión cargada de esperanza: el viernes fui al traumatólogo y me dio fecha para la operación. He iniciado la cuenta atrás.

Procedencia de la imagen.

martes, 5 de enero de 2010

De cómo Perséfone fue arrastrada a los infiernos

Tenía prisa por nacer, según cuenta mi madre, Deméter, cuando se tercia la conversación de los partos. Era el mes en que se comienzan las labores de barbecho y de recolección. El mes de Quintil, en el que arrecian las calores y el sudor cubre tu cuerpo como una segunda piel. Claro, y el problema es que en aquella época no existía el aire acondicionado.

También tuve prisa por aprender a hablar y a andar y, desde muy pequeña, me gustaba correr y saltar por el Olimpo, como un perico, detrás de dioses y ninfas, y recoger, recogía pocas flores (aunque la mitología afirme lo contrario )... siempre bajo la atenta mirada de mi madre, que no por ello descuidaba las tareas del campo. Tenía esa sorprenderte habilidad de ocuparse de mil cosas a la vez, incluso de su esposo, Zeus, que cuentan que era él quien miraba y gestionaba todo,
pero del dicho al hecho... Zeus que, además, era ¡hermano de mi madre! ¡Sí, sí, los dioses somos así!

A la edad de tres años, Hades, el señor del inframundo, ¡hermano de mis padres!, se enamoró apasionadamente de mi belleza. Y, como bebía los vientos por mí, un día se quiso acercar tanto para cortejarme, que consiguió que yo enfermara con su aliento fétido. Paralizó mis piernas y brazos, pero no logró que dejara de caminar y brincar y que continuara siendo una diosa feliz y cantarina. Ya sabéis que los dioses, a fin de cuenta, somos inmune a las enfermedades.

Mi madre me crió entre algodones pero quiso que me integrara, desde pequeña, con los mortales. Así que estudié en Atenas en la mejor Academia de la época, para conseguir ser una diosa sabia como mi hermana Atenea. Allí instruí, después, a otros dioses y mortales. Y durante ese tiempo conocí a un mortal del que me enamoré y con el que tuve un hijo, un héroe bellísimo.

Transcurrieron años de dicha aunque, de vez en cuando veía de lejos al Señor del Inframundo que me miraba con lascivia y, por ello, mi salud decaía (con una familia así, ¿quién no?) Hasta que un día en que me disponía a bajar desde el Olimpo hasta la Academia, me asaltó Hades y me arrastró hasta los infiernos. Ante los lloros y lamentos de mi madre, mi padre pactó con Hades para que me dejase volver a la tierra en primavera y verano, y de este modo, mi mamá estaría contenta y no abandonaría los campos. Que si no, nos cargamos las estaciones.

Aunque en realidad, Hades, que es un pasota, me secuestra cada vez que le da la gana y, a veces, me retiene en el inframundo demasiado tiempo, en el que pierdo la alegría de vivir. Sin embargo, ya conozco sus armas y sus tretas, combato de igual a igual. Así que lo dejo que se pudra en el infierno y yo a vivir la vida que son dos días, según dicen los mortales.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Olimpo, 5 de enero de 2010, vísperas de Reyes

Fdo.: Perséfone, alias Proserpina.

Te regalo un sueño, tú decides cuál