Me acompañan en esta travesía

miércoles, 6 de enero de 2010

Ayudando a construir la magia


Ayer, mientras veía la Cabalgata de Reyes por televisión, me entró una súbita nostalgia, una necesidad de tener un niño pequeño a quien ilusionar y con quien ilusionarme. Noté mi casa vacía, el "nido vacío".

Cuando mi hijo era muy pequeño contaba con la ayuda inestimable de mis padres para que lo llevasen a ver la cabalgata. Mi madre se llevaba los bolsillos cargados de caramelos, desde casa para, durante el recorrido, ir echándoselos a los pies de mi hijo que, en su inocencia creía que los Reyes eran quienes se los arrojaban. Mientras, aprovechábamos para hacer los intercambios de regalos entre mis hermanos.

Al llegar la noche y vencido por el sueño y la ilusión, mientras dormía colocábamos los regalos. Mi hermano el menor iba a casa de la vecina por la moto de batería o el caballo balancín o cualquier juguete inescondible en nuestra casa. En ese momento, yo me imaginaba la misma acción en todos los hogares y me hermanaba con todos los padres del mundo, de mi mundo, con una ilusión compartida de hacer y ver felices a nuestros pequeños.

Al llegar la mañana de Reyes, oía sus pasitos pasillo arriba pasillo abajo, hasta que él comprendía que debía ser una hora prudente y nos despertaba anunciando la venida de los Reyes. Esperaba pacientemente que nos levantásemos. Yo tardo un poco, porque el aparato ortopédico tiene sus correitas y las botas, sus cordones. Cuando estábamos junto a él, sentaditos en el salón y mi marido con la cámara de vídeo preparada, comenzaba a abrir los regalos envueltos en brillantes papeles, entre globos de colores, me los iba colocando sobre la falda. En realidad, nunca he sabido dónde se concentra más ilusión si en el niño o en los padres por ver la felicidad de éste o en los abuelos, que contemplaban la escena embelesados.

Cuando fue mayorcito, esperaba a que se durmiera, bastante tarde por cierto, y poder arrastrar como podía las bolsas hasta el salón para colocarles los regalos y chucherías. Por la mañana, nos traía a la cama sus regalos para abrirlos delante de nosotros y compartir su emoción y la nuestra.

Anoche, mi hijo anunció a su padre que lo despertase si veía que dormía demasiado, a estas edades nunca tienen prisa por levantarse. Y esta mañana se ha despertado él solo y se ha metido en mi cama mientras mi marido preparaba el desayuno. Hemos desayunado los tres nuestro roscón de reyes en la cama, comentado otras navidades pasadas y diversas anécdotas con el regalito del roscón, que siempre le tocaba a él. Después nos hemos entregado los regalos.

Esta mañana hemos construido la magia entre los tres, y hemos compartido un momento de felicidad y ternura que me ha llenado como cuando era un niño y yo era una niña.

Imagen: Google.

5 comentarios:

Lady Morrigan dijo...

Querida Perséfone,

la magia está no solamente en la risueña inocencia del niño, ni solamente en los padres al ver la felicidad de haber cumplido su ilusión, el mejor oficio en esta fecha, solo en esta fecha...

es el oficio de cumplir deseos, nunca se concentrará tanta ilusión en mi pecho al ver la cara del sorprendido como se torna desde la sorpresa hasta la emoción.... ése es el mejor regalo y ha sido el mejor obsequio para mí esta mañana...

Seamos niños, adultos, ancianos, madres, abuelos..., todos llevamos un niño dentro y hemos pasado de ser los "durmientes" a los reyes magos por la noche, porque no hay mayor satisfacción para mí que la labor de cumplir deseos a las personas...

pero en familia siempre es mejor :).

besos Perséfone!

Paco Alonso dijo...

Cuanta ilusión se respira alrededor del niño en este día, es un inmenso placer verles disfrutar sus regalos, se recuerdan a la vez los tiempos de niñez vividos en el pasado.

Gracias por compartir.

Cálido abrazo.

Perséfone dijo...

Lady Morrigan tienes razón, todos llevamos un niño dentro, y el cumplir los deseos de los demás es lo que más nos satisface, sin importar la edad que tengamos o tengan ellos. Sin embargo, yo hablaba sobre mi hijo, porque el sentimiento que he tenido ha sido de entrañas hacia dentro, de madre, no de mujer o de persona. Es algo complejo de explicar. Gracias por tu comentario y apoyo. Besitos cariñosos.

Gracias, Paco. Son momentos de ilusión que deberían durar todo el año porque hace que nos sintamos mejores personas. Besos.

Bidawe dijo...

Persefore, leyendo todo lo explicas de este dia de reyes es como si yo recordara mi historia, cuando era pequeña, cosas bien parecidas hacian mis padres por mi, era bien bonito todo.
Este año para mi el dia de reyes a sido tan normal, incluso triste, puedes creer que me da hasta miedo explicarlo en mi blog por si alguien que me conoce lo lee?
Mis padres llevan una mala racha impresionante, no puedo mas con sus discusiones, soy mayor pero necesito ayuda o del uno o del otro, sobre todo de mi madre y verlos discutir me esta deprimiendo bastante, estoy a punto de llorar escribiendo esto.
Se que mi madre es la que peor lo pasa por el caracter tan feo de mi padre desde que se jubiló pero tambien estoy yo, lo paso fatal.
Igualmente tambien desayunamos juntos, con mi hermano y la pareja y fuimos saliendo adelante.
Ojala pudiera ser pequeña de nuevo.

Perséfone dijo...

Hola Bidawe.

Lo bueno de este blog es el anonimato en el que me escudo, que me permite expresarme desde la franqueza y total libertad, y actúa como terapia personal. (Hasta ahora, ninguno de mis lectores me conoce personalmente, o al menos eso creo).

Con respecto a querer volver a ser niña, ese brote de nostalgia es normal, pero debemos pensar como lo expresaba Lady Morrigan, que no importa la edad que tengamos, porque el niño lo llevamos dentro.

El problema de convivencia con tus padres es ya más complejo, porque lo ideal es emanciparse del domicilio paternal a partir de una cierta edad, claro que nosotr@s lo tenemos más díficil por nuestro grado más o menos alto de dependencia. Esto no sería problema si dispusiéramos de la ayuda de un asistente personal, dando por sentado que tengamos cierta emancipación económica, porque si no, no estamos hablando de nada. ¡Así es la vida!

No estés triste, no te lo permitas. Habla con tus padres y explícales cómo te sientes, desahogad vuestros corazones los tres sentados cara a cara. Si no se resuelve el problema, al menos te sentirás mejor.

Te doy muchos besos y un gran abrazo de oso.

Te regalo un sueño, tú decides cuál