Hay días, he incluso momentos del día, en que no puedo con mi alma.

Creo que mi cuerpo se confunde con la ropa de la cama, y se desintegra en ella. Entonces me abandono al calor del sueño, carente de dolor, que es lo único que me conforta, porque engaña a mi cerebro, aunque algunas veces me asaltan las pesadillas: el dolor se ha filtrado en mi sueño y ha despertado al cerebro que, en ese momento soñaba con campos y flores.
Hay días en los que

quisiera dormir eternamente, como la Bella Durmiente del Bosque y encontrar un príncipe azul que se llevara mis males. Ese beso, ese despertar no tendría precio. Me quedaría sólo con eso, me sobrarían palacios. Bueno, con el príncipe azul también me quedaría para disfrutar de mi nueva vida.
Procedencia de las imágenes:
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3 comentarios:
jeje, por qué quedarnos sólo con un beso si podemos tener al príncipe que nos de uno tras otro ¿no?
hoy estoy muy coincidente contigo. Hubo un tiempo, cuando vivía sola, que de repente dedicaba un fin de semana enterito a dormir ¡y me sentaba tan bien!
al empezar a convivir ya no pude, y desde que nació mi hija, menos. ¡y lo deseo tanto!
mejor no hablo más, porque en vez de animarte voy a bajonearte más
besitos
Nada de "bajonarme más", al leerte se me había ocurrido pensar que ¿por qué no puede tener dos bellas durmientes el mismo cuento? y ¿el castillo con guardería?, jajaja.
Besitos magicos (aunque no de príncipe azul :(
jajajaja, muy bueno. Yo me conformo con ser durmiente (renuncio a ser bella, pues hace tiempo que renuncié) y con el castillo con guardería. En su defecto, unas colonias escolares de tres semanas me valdrían, jeje.
Gracias!!
Besitos
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