Me acompañan en esta travesía

viernes, 27 de noviembre de 2009

Amor-odio a la peluquería


La peluquería ejerce un doble efecto sobre mí. Por un lado, odio ir, por el tiempo que debo estar allí, que si el tinte, que si las mechas, enjuaga, lava, corta, seca, peina... con un fondo mañanero de gran hermano en la tele, quien opina que sí, quien opina que no, que si Indhira, que si Carol...

Pero por otro lado, me encanta que me toquen el pelo. Me relaja y casi me adormezco allí sentadita. Cierro los ojos mientras, entre los dedos de la peluquera se escapan mis pensamientos, mis sueños, mi fantasía. Y lo mejor es el resultado final: subir la autoestima sintiéndote guapa.

Últimamente, cuando me miro al espejo no me gusta lo que veo. Me refleja una imagen que no quiero reconocer como mía. Mi cara denota sufrimiento, enfermedad... Es importante sentirte guapa y la peluquería me aporta una dosis de optimismo.

Imagen: Flickrcc

4 comentarios:

Leonor dijo...

Tienes mucha razón, si una se siente guapa parece que todo a tu alrededor mejora. Sin contar lo mucho que a una le sube la autoestima, y eso siempre es bueno ;-)
Ni te cuento los pelos que llevo yo con tanta cama... como no me ponga las pilas mi mozo se va a divorciar de mi jajajaja...

Un abrazo cielo,

Perséfone dijo...

No hace tanto que me han estado lavando la cabeza en la cama. Ahora ya respiro durante unas horas sin ella, sin la cama, claro. (jaja)

Espero que pronto estés mejor. Besos

Leonor dijo...

¡Uf, qué susto! pensé que era sin la cabeza jajajaja

Perséfone dijo...

Fíjate, que no he probado todavía respirar sin cabeza... mmm... Me has dado una idea, tendré que probarlo un día de estos en que la cabeza lo único que hace es entorpecerme más. (jeje)

Te regalo un sueño, tú decides cuál