Me acompañan en esta travesía

domingo, 3 de enero de 2010

Momentos de soledad

He leído el post Mi tarde a solas del blog Este es mi mundo, donde nos narra y propone la necesidad de pasar un día "a su aire, sin que nadie le diga nada", un día o momentos de soledad escogida, donde campear con total libertad de criterio y de movimiento. Esto, que a simple vista es algo habitual en cualquier persona que decide salir sola una tarde de compras, como es el caso que se nos narra, para una persona dependiente supone un acto de valentía y de libertad soñada. Requiere, no sólo armarse de valor, sino además de toda una organización: si puedes salir sola de tu domicilio, qué transporte vas a utilizar, dónde y cómo te apearás; si vas a seguir una pequeña ruta por determinadas calles o aceras, saber cómo están hecho los rebajes de los bordillos en los pasos de peatones, si tienen ese pequeño escalón insalvable para un silla, si las tiendas donde decides comprar tienen un acceso fácil, si el probador es amplio, si hay algunos servicios adaptados cerca, y un largo etcétera de pequeños detalles.

Este fin de semana he salido acompañada de mi familia y, cada vez estoy más contenta con mi scooter por el hecho de independencia y libertad que me otorga. No necesito que nadie tenga que estar todo el día empujando mi silla, ni tener que indicarle cuándo quiero que pare o avance, o por dónde me apetece tirar, ni hacia dónde quiero mirar. Yo conduzco = yo decido. Esta fórmula ya me encantó cuando, con dieciocho años de edad obtuve el carné de conducir y un año más tarde ya tenía mi primer vehículo. Ahora lo he vuelto a sopesar en unas condiciones más dependientes aún y el valor que ha adquirido dicha fórmula se ha multiplicado por 100 con el factor t de tiempo (que me perdonen mis colegas matemáticos por esta ecuación absurda).

El paso de salir sola todavía está muy lejos para mí, primero tendré que solucionar la inseguridad que me genera esta nueva situación mía para, después, resolver todos los aspectos técnicos que os comentaba al principio.

Suplo los momentos de soledad consentida y deseada, en la que el disfrute se impone y a la que jamás renunciaré, con instantes en mi cama, frente a mi ordenador potátil, o mi cuaderno donde escribo todo lo que me pasa por la cabeza y el alma, o mi libro-de-mesita-de-noche. No es la soledad lacrimógena de la pena negra, de pobrecita de mí que nadie me vea... sino la de construirme por dentro, o reconstruirme.

Se me viene a la cabeza, ya sabéis que yo pienso con música guardada en mi subconsciente, aquella canción de George Moustaki, Ma Solitude, que nos ponía nuestra profesora de francés para que practicásemos nuestra deficiente pronunciación. No lo consiguió, pero sí que yo conociese a este sin par alejandrino y, desde entonces, me enamorase de sus hemistiquios.

5 comentarios:

Paco Alonso dijo...

Te aplaudo en pie por tu bella forma de narrar, de acercarnos tus vivencias que son luz en el camino, con todas las dificultades, sin lamentaciones, generosa forma de compartir la tuya.
Cálido abrazo.

Perséfone dijo...

Muchas gracias, Paco poeta, de corazón. Me alagan tus palabras y me alegran el alma hoy, que está nublado y no para de llover.

Un beso fuerte.

Anna dijo...

Te entiendo, aunque a otro nivel, pero no hay nada que no puedas hacer si quieres hacerlo. Sí, hay que darle un tiempo y organizarse, pero seguro que dentro de pocos nos estás hablando de tus paseos en soledad :)

Mientras, disfruta de tus momentos en casa "para ti".

Besos!!

Perséfone dijo...

Ay sí, Anna, espero conseguirlo no muy tarde y, de momento, disfruto mi tiempo y mi espacio. Todos deberíamos disfrutar de esos mínimos (o máximos, según se vea)

Besos

Anónimo dijo...

Hola me gustan mucho tus escritos y publicaciones y hace tiempo que no pasaba por aqui :D un saludo

Te regalo un sueño, tú decides cuál